El país, que cuenta con las mayores reservas probadas de crudo, acumula cuatro meses consecutivos de incremento en su producción -tras una caída a 874.000 bpd en marzo-, aun cuando en abril el gobierno de Estados Unidos reanudó sus sanciones relacionadas con este sector contra Caracas, luego de seis meses de alivio.
Pese a la reanudación de las medidas, cuyo levantamiento exige reiteradamente el gobierno de Nicolás Maduro, Washington ha emitido licencias a empresas internacionales para que puedan operar en Venezuela.
Maduro aseguró, a finales de junio, que la producción había llegado al millón de barriles diarios con «esfuerzo propio» y a pesar de las sanciones, a la vez que previó que la nación suramericana alcance los tres millones y «más» de bombeo de crudo, sin dar una fecha aproximada para llegar a la meta que prometió.
El jefe de Estado ha llamado a empresarios extranjeros a invertir en el sector petrolero de la nación caribeña, donde -asegura- están las oportunidades y la seguridad energética del mercado internacional, mientras que su gobierno -insiste- garantiza estabilidad, paz y relaciones ganar-ganar.
La producción del principal motor económico de Venezuela y su mayor fuente de divisas se ha recuperado de manera sostenida desde 2020, cuando cayó a 569.000 bpd por la pandemia y las sanciones, y llegó el año pasado a los 783.000 bpd.