Durante el día, la mayoría de los seres humanos toma aire mucho más rápido de lo que el organismo necesita desde un punto de vista neurofisiológico. Esta prisa constante envía señales de alerta al cerebro, manteniendo activas las zonas asociadas con el estrés, el nerviosismo y la rumiación de pensamientos negativos.
La científica e investigadora Nazareth Castellanos, experta en el estudio del cerebro y su conexión con el resto del cuerpo, ha dedicado gran parte de su labor a analizar esta relación íntima entre el oxígeno y las emociones. Según la especialista, la falta de educación sobre cómo respirar correctamente representa una carencia importante en la sociedad actual, ya que ignorar esta herramienta natural impide aprovechar una de las vías más sencillas para alcanzar la calma interior, mejorar la memoria y potenciar la capacidad de concentración.
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Foto: Magnific
Para comprender mejor cómo funciona el cuerpo humano, la investigadora señala que una persona promedio suele respirar alrededor de quince veces por minuto, una cifra que los expertos consideran demasiado elevada para el equilibrio neuronal. Cuando el flujo de aire entra y sale de forma acelerada, el cerebro interpreta ese patrón físico como un síntoma de peligro o agitación, lo que dispara las alertas emocionales y dificulta la relajación profunda.
La experta explica que el cerebro recibe constantemente información sobre la velocidad y el ritmo con el que se respira. De este modo, si se logra ralentizar el movimiento del aire de manera consciente, se produce un cambio inmediato en la actividad de las neuronas, ayudando a calmar las zonas cerebrales encargadas del miedo y la ansiedad.
Para conseguir un estado de tranquilidad real, la especialista aconseja alargar de forma progresiva la exhalación, es decir, tardar un poco más de tiempo en soltar el aire del que se tarda en inhalarlo. Este pequeño cambio en la técnica respiratoria actúa como una llave maestra que abre la puerta a la calma mental y ayuda a enfrentar el estrés cotidiano con mayor serenidad y claridad de pensamiento.