En plataformas digitales, el mandatario se burló de los manifestantes a través de un video donde se presentaba como “Rey Trump”. Paralelamente, organizaciones civiles denunciaron un incremento en la violencia dirigida a migrantes y ciudadanos latinos, la cual, según sus señalamientos, era alentada desde la esfera gubernamental.
La controversia escaló con la divulgación de miles de comunicaciones de jóvenes republicanos, en las que manifestaban inclinaciones racistas y misóginas. Figuras como el vicepresidente J.D. Vance restaron importancia a estos mensajes, calificándolos de “bromas inmaduras”.
En total, se filtraron 2.900 páginas de conversaciones de líderes juveniles vinculados a Trump, donde se argumentaban posturas racistas, xenófobas y de agresión hacia los migrantes.
El vicepresidente afirmó que estas declaraciones “cuentan chistes ofensivos. Eso es lo que hacen los niños. Y no quiero que crezcamos en un país donde si un niño cuenta un chiste estúpido, esto sea motivo para arruinar sus vidas”.
De esta manera, las redes sociales personales de Trump, la Casa Blanca, los chats de líderes republicanos, el FBI, el ICE y grupos de odio parecen converger en una postura que valida el racismo, la xenofobia y las agresiones contra migrantes.
Diversos analistas advierten que el discurso y las políticas implementadas por Trump han contribuido a normalizar el racismo y la xenofobia dentro de las instituciones. Aunque su índice de aprobación ha caído a niveles históricamente bajos, su base de seguidores más radical continúa apoyándolo.