Para el mandatario, los sucesos de enero en Venezuela, que permitieron desplazar al líder del gobierno pero conservando una parte de la institucionalidad y las fuerzas militares colaboradoras, constituyen el plan a seguir.
«Lo que logramos en Venezuela es, en mi opinión, el escenario perfecto, el perfecto», insistió Trump, subrayando que la meta es un relevo en el poder que no desmantele el Estado, promoviendo una «colaboración pragmática» con su administración.
Tres figuras en la mira y un cambio desafiante
Si bien el presidente estadounidense no reveló identidades, el hecho de tener tres candidatos preparados insinúa que Washington ha mantenido comunicación con disidentes o incluso con miembros del establishment iraní. Trump evitó comentar sobre Alí Larijani, quien hace poco anunció un comité de transición en Teherán, conservando el hermetismo sobre sus elegidos.
Sin embargo, admitió que Irán supone un reto más significativo que el venezolano, citando su poderío militar, su programa atómico y el férreo control sobre su población.
Dos posibles desenlaces para Teherán
El presidente estadounidense expuso dos posibles caminos para el futuro de Irán:
Entrega del poder por parte de las élites: Planteó la posibilidad de que figuras veteranas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica «se rindan ante el pueblo» para prevenir un conflicto a gran escala.
Insurrección ciudadana: Sostuvo que el pueblo iraní se encuentra ante una «oportunidad» única para tomar las riendas de su destino después de años de conflictividad interna.
Trump afirmó que el Pentágono posee la capacidad para ejecutar una campaña aérea de «cuatro a cinco semanas» de ser requerida, y ratificó que la cooperación con Israel ha sido fundamental para mermar la capacidad naval y de inteligencia de Irán. Finalmente, indicó que podría considerar el levantamiento de sanciones si el nuevo gobierno demuestra una «cooperación genuina».