Claro que podemos lanzarnos a cocinar sin usar una tabla de cocina, pero no es muy recomendable más allá de ciertas improvisaciones rápidas. Prácticamente cualquier receta requiere manipular algunos ingredientes, y disponer de una buena tabla de corte es fundamental. Permite trabajar correctamente los productos, con comodidad, facilita la organización, el orden y también la seguridad.
Si los cuchillos son una herramienta clave, también lo es la tabla sobre los que vamos a usarlos, para no estropearlos. No conseguiremos buenos cortes si la superficie se mueve, es inestable, demasiado dura o demasiado blanda. Debe tener el tamaño adecuado y estar bien limpia, libre de olores extraños y a salvo de bacterias o de la contaminación cruzada.
Sobre una tabla podemos cortar, picar, trocear, pelar y laminar, y también preparar ingredientes con las manos o con otros utensilios de cocina. Lo ideal es tener al menos dos, una para vegetales y otra para carne y pescados, aunque yo prefiero trabajar los productos del mar en otra tabla distinta. El cuidado será mayor si tenemos intolerantes o alérgicos en la familia.
Cómo cuidar de tus tablas de cocina
Sea cual sea la tabla de cocina que escojamos, es importante tener en cuenta algunos cuidados básicos para conservarlas en perfecto estado durante más tiempo. Primero debemos manipularlas correctamente, lejos de fuentes de calor, evitando los golpes, los cortes muy bruscos y nada de colocar cosas muy pesadas encima.
También por higiene y seguridad alimentaria conviene lavarlas inmediatamente después de su uso. Las sintéticas admiten el lavavajillas, pero las de madera habrá que limpiarlas a mano. Simplemente con agua tibia, detergente o jabón neutro y un estropajo o esponja suave quedarán bien. Para eliminar posibles olores podemos lavarlas de vez en cuando con zumo de limón y sal, y las de madera requieren aplicar una capa de aceite cada cierto tiempo.
Otro punto importante es el almacenaje. Lo mejor es secarlas a conciencia después de la limpieza, y guardarlas, preferiblemente, al aire. En los cajones y armarios podrían acumular humedad, que no solo las estropea, también puede ser foco de bacterias y malos olores.
Tablas de madera
Son las más tradicionales y también las más bonitas, y sabemos por diferentes estudios que además son más seguras frente a posibles bacterias. Claro que las hay de maderas distintas, con acabados y precios diferentes. Las más habituales son de haya, olivo, arce, roble o bambú.
La madera de olivo es una de las más atractivas, con un tacto sedoso muy agradable. Suelen ser más caras, por eso es recomendable usarlas solo para cortes suaves y para lucirlas en la mesa, por ejemplo con una tabla de quesos o embutidos.
La madera de haya es más adecuada para uso diario en la cocina por ser más blanda, y por tanto menos agresiva con el filo de los cuchillos. Hay muchos fabricantes reconocidos con un amplio catálogo de estas maderas.
El bambú una de las maderas más usadas hoy, porque es un material fácil de obtener, duro y resistente, con buenas propiedades frente a las bacterias.
Tablas de materiales sintéticos
Las tablas sintéticas -de «plástico», para entendernos-, pueden ser también muy válidas si se eligen bien. Las hay básicas muy baratas pero que se estropean con facilidad, así que mejor invertir en una buena marca que ofrezca garantías a largo plazo. Las sintéticas de polipropileno y reforzadas se desgastan menos, no acumulan olores y son más seguras. Entre sus ventajas destaca que suelen ser más baratas, más ligeras y se pueden introducir en el lavavajillas.
Existen otros materiales como la piedra, pizarra, granito, cristal o mármol, pero creo que son más adecuados para servir y presentar que para usar en la cocina. ¿Cuántas tablas de cocina tenéis vosotros en casa? ¿Qué material os gusta más?


