Organismos locales como la Defensa Civil y el Consejo Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMC) validaron el fenómeno, precisando que el epicentro se localizó a una profundidad de 10 kilómetros, a unos 32,2 kilómetros de la provincia de Sarangani, en la zona meridional del archipiélago.
Existe una discrepancia en los informes oficiales: mientras la Defensa Civil, basándose en datos de la agencia Phivolcs, descartó la posibilidad de réplicas tras un sismo de intensidad 7, el NDRRMC advirtió sobre la probabilidad de nuevos movimientos y cifró la magnitud del evento en 7,1, según reportó la agencia EFE.
A través de plataformas digitales como X, varios usuarios compartieron imágenes de ciudadanos evacuando edificios tras el temblor. Hasta la presente hora, no se ha emitido información oficial sobre personas heridas o afectaciones graves en la infraestructura.
Este suceso revive el miedo en la región, recordando el terremoto de magnitud 7,8 que azotó Mindanao el pasado 8 de junio. Aquel desastre dejó un saldo trágico de cerca de un centenar de fallecidos, mil heridos y aproximadamente 100.000 personas desplazadas, además de daños severos en más de 50.000 viviendas.
Aquel sismo, calificado como el más potente en tres décadas en el país, provocó cambios geográficos significativos, como la elevación del lecho marino hasta en dos metros y el retroceso de la línea costera en unos 200 metros. Filipinas se ubica en el conocido Anillo de Fuego del Pacífico, una de las áreas con mayor inestabilidad sísmica y volcánica del mundo, donde los movimientos telúricos son una constante para sus residentes.