Este suceso fue el punto de partida de una tensión constante entre ambas selecciones, alimentada por cruces memorables como los de México 1986, Francia 1998 —con la expulsión de David Beckham— y Corea-Japón 2002, donde el propio Beckham logró redimirse al anotar el penal que definió el triunfo inglés en la fase de grupos.
Cada vez que estos equipos se ven las caras, la memoria colectiva viaja inevitablemente al 22 de junio de 1986. En el Estadio Azteca, Diego Armando Maradona transformó un partido de cuartos de final en un evento que fusionó deporte, política y orgullo nacional, dejando una de las actuaciones individuales más brillantes de todos los tiempos.
El Mundial 2026 los vuelve a citar en semifinales, aunque bajo un panorama totalmente distinto. En el 86, el duelo era inseparable de la Guerra de las Malvinas, conflicto que aún estaba latente en la psique de ambos países. Para Argentina, aquel triunfo fue una forma simbólica de sanar heridas, con Maradona como el máximo estandarte.
En apenas cuatro minutos, el ‘Pelusa’ construyó su leyenda con dos goles opuestos: la famosa ‘Mano de Dios’, validada por el árbitro Ali Bin Nasser, y el ‘Gol del Siglo’, una carrera de 60 metros que dejó atrás a cinco ingleses. Aquella tarde, Maradona no solo fue un héroe deportivo, sino un símbolo cultural.
Hoy, el escenario es otro. Las nuevas generaciones de jugadores, dirigidos por Lionel Scaloni y Thomas Tuchel, se enfocan en el respeto mutuo y en la competencia profesional, alejándose de las cargas políticas del pasado. Sin embargo, la historia sigue presente en cada comentario previo al juego.
En el centro de esta nueva narrativa se encuentra Lionel Messi. A sus 39 años y con la Copa del Mundo de Catar 2022 en su palmarés, el capitán argentino no necesita demostrar nada, pero el fútbol le presenta un desafío único: añadir un capítulo propio frente al mismo rival que encumbró a Maradona.
Messi creció admirando las gestas de Maradona, quien fue su entrenador en la selección entre 2008 y 2010. Tras la partida física de Diego en 2020, Messi lo recordó como una inspiración eterna. A diferencia de su predecesor, el liderazgo de la ‘Pulga’ se basa en la calma y la continuidad de una carrera que ha batido todos los récords posibles.
El Mundial 2026 ofrece a Messi la oportunidad de prolongar una herencia exitosa. No requiere de una mano ilegal ni de un gol milagroso; le basta con conducir a la Albiceleste hacia una nueva final para que su relato continúe. La rivalidad sigue viva y el magnetismo hacia este duelo en el Atlanta Stadium, este miércoles, permanece intacto.