La creencia popular, reforzada durante décadas por clínicas de reproducción asistida, ha sostenido que los hombres deben abstenerse de eyacular por varios días antes de proporcionar una muestra de semen. La lógica parecía simple: acumular esperma para aumentar la cantidad. Sin embargo, la evidencia científica ha venido sugiriendo que esta práctica podría ser contraproducente. Ahora, el metaanálisis más grande realizado hasta la fecha confirma que el esperma almacenado se degrada y que, para optimizar la fertilidad, es necesario eyacular con regularidad, ya sea a través de relaciones sexuales o masturbación. Esta práctica genera gametos de mayor calidad y con menor daño en su ADN.


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El mito de la abstinencia: eyacular con frecuencia es clave para la fertilidad masculina
Una investigación masiva cuestiona las guías de la OMS sobre reproducción asistida

El estudio, divulgado en la revista Proceedings of the Royal Society B y encabezado por científicos de la Universidad de Oxford, consolida datos de 115 estudios en humanos (con más de 54.800 participantes) y 56 estudios en 30 especies animales. Las conclusiones señalan un fenómeno universal en el reino animal: el esperma maduro que se mantiene almacenado, tanto en el macho como en la hembra, envejece y sufre daños sin importar la edad del organismo. Los investigadores han denominado este proceso como “senescencia” del esperma.
A diferencia de otras células, los espermatozoides tienen una estructura minimalista, con escaso citoplasma, el componente que les permitiría repararse o recargar energía. “Los espermatozoides son células muy móviles y tienen una capacidad de reparación muy limitada”, aclara Rebecca Dean, codirectora de la investigación. “Esto hace que el almacenamiento sea especialmente perjudicial en comparación con otros tipos de células”.
En los hombres, los periodos extensos de abstinencia sexual acarrean consecuencias negativas directas. El estudio detectó un mayor daño en el ADN espermático y un aumento del estrés oxidativo, que es el desbalance que deteriora las estructuras celulares. Adicionalmente, se constató una disminución en la movilidad y viabilidad de los espermatozoides.
Estos resultados podrían tener implicaciones directas en la medicina reproductiva. Las directrices actuales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugieren entre dos y siete días de abstinencia antes de la recolección de muestras para reproducción asistida. La investigación insinúa que el límite de siete días podría ser excesivo, lo cual concuerda con evidencia reciente que indica que eyacular en las 48 horas previas a la entrega de una muestra mejora los resultados en la fecundación in vitro (FIV).
No obstante, Dean recomienda prudencia al aplicar estos hallazgos como recomendaciones clínicas. “Somos biólogos evolutivos, no médicos. Lo que intentamos es simplemente cuestionar la idea de que guardar el esperma es mejor para la fertilidad. Lo que probablemente existe es un punto óptimo: una frecuencia de eyaculación que maximice tanto el número como la calidad de los espermatozoides”.
La situación es compleja: la abstinencia incrementa la cantidad de esperma, pero en detrimento de su calidad. Para procedimientos como la FIV, que utiliza el eyaculado completo, lo ideal sería un equilibrio. Para el método ICSI (inyección intracitoplasmática de espermatozoide), donde se elige un solo gameto de alta calidad, el estudio sugiere que obtener la muestra lo antes posible es preferible. “Nuestra esperanza es que los clínicos examinen nuestra evidencia y reconsideren si los periodos largos de abstinencia deben seguir recomendándose”, añade Dean.
Eduard Ruiz Castañé, director del Servicio de Andrología de la Fundació Puigvert, coincide en que estos descubrimientos no son una sorpresa para los especialistas. “Llevamos más de 30 años sabiendo que los periodos de abstinencia prolongados deterioran la calidad del semen”, asegura. Según él, el aporte del estudio es profundizar en el mecanismo: la fragmentación del ADN espermático, un daño que afecta tanto la concepción natural como las técnicas de reproducción asistida. Explica que, ante un análisis de semen de baja calidad, lo primero es preguntar por la frecuencia de las relaciones de la pareja. Si es baja, la recomendación es clara: actividad sexual o masturbación en días alternos para renovar las reservas. “Es como una pecera, hay que renovar el agua para que los peces puedan respirar bien”, ejemplifica.
Respecto a los días de abstinencia ideales, Ruiz Castañé establece el óptimo entre tres y cuatro días, lo que se alinea con una frecuencia sexual de dos veces por semana. “Las indicaciones de la OMS están obsoletas”, concluye.
Por su parte, Juanjo Espinós, presidente de la Sociedad Española de Fertilidad, opina que el estudio “no tiene una traducción clínica clara” debido a la “gran heterogeneidad” de las investigaciones incluidas, por lo que recomienda cautela al aplicar los resultados en la práctica clínica.
Hembras como ‘congeladores’ y la masturbación con propósito
Un hallazgo notable del estudio es la capacidad de muchas hembras para almacenar esperma de alta calidad. En las especies animales estudiadas, las hembras son mucho más eficientes que los machos en la conservación a largo plazo. Mientras los machos conservan bien el esperma por periodos cortos, las hembras lo preservan mucho mejor con el tiempo. Por ejemplo, la hormiga negra de jardín puede almacenar esperma viable por un año, y algunas especies de murciélagos se aparean en otoño para que la hembra almacene el esperma durante la hibernación y fertilice los óvulos en primavera.
De hecho, algunas hembras, al detectar que el esperma almacenado envejece, buscan nuevos apareamientos para obtener esperma fresco, sugiriendo que el deterioro espermático puede ser una razón evolutiva para la promiscuidad femenina, como una estrategia para asegurar la calidad genética.
El estudio también propone una reflexión evolutiva sobre la masturbación, planteando que podría ser un mecanismo para expulsar esperma viejo y renovar las reservas, convirtiéndola en una estrategia reproductiva exitosa más que un acto puramente placentero. Ciertas especies, como las aves paserinas o los camarones marinos, descartan esperma viejo de forma cíclica y espontánea.
Los investigadores señalan que la comprensión de estos mecanismos podría inspirar tecnologías biomiméticas para mejorar el almacenamiento artificial de esperma, lo cual sería de gran valor para clínicas de fertilidad y programas de cría de especies en peligro. Sin embargo, instan a aplicar sus recomendaciones con precaución hasta que sean validadas por nuevos estudios.