La administración cubana reitera que carece de una estrategia alternativa frente a las advertencias de Estados Unidos, que incluyen la posibilidad de una intervención militar, y se muestra inflexible a pesar de las presiones externas y la profunda crisis que atraviesa la isla.


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📅 11 Junio – 19 Julio 2026
Gobierno de Cuba no tiene un plan B ante las amenazas de Donald Trump
Tensión en el Caribe

Desde la detención de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, los pronunciamientos de los altos funcionarios del gobierno cubano han seguido una línea unificada y coherente.
La posición oficial es de rechazo a la intervención en Caracas, la cual describen como un «acto de terrorismo»; al bloqueo naval, que tildan de «piratería»; y de una unidad férrea ante cualquier intimidación directa a su soberanía.
Esta postura fue resumida por el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, durante un discurso en la Tribuna antiimperialista de La Habana, en un homenaje a los 32 cubanos fallecidos en la intervención estadounidense en Venezuela.
«No hay rendición ni claudicación posible, como tampoco ningún tipo de entendimiento sobre la base de la coerción o la intimidación. Cuba no tiene que hacer ninguna concesión política ni eso jamas estará en una mesa de negociaciones para un entendimiento entre Cuba y Estados Unidos», aseveró Díaz-Canel.
Añadió que su gobierno siempre estará «dispuesto al diálogo» bajo «igualdad de condiciones y sobre la base del respeto mutuo». Sin embargo, tanto él como otros altos cargos han desmentido en repetidas ocasiones la existencia de contactos bilaterales actuales, contradiciendo las afirmaciones del presidente estadounidense, Donald Trump.
Un comunicado del Ministerio de Relaciones Exteriores reforzó esta línea: «En Cuba, nuestra determinación de luchar es firme e inclaudicable«.
Dentro del Ejecutivo cubano prevalece la idea de que es una «ilusión» pensar que ceder ante Estados Unidos podría ser beneficioso, según fuentes consultadas. Consideran que la estrategia de apaciguamiento es «un cuento», no solo para Cuba y Venezuela, sino también para Europa en el asunto de Groenlandia.
De esta manera, La Habana cierra, al menos en el ámbito público, toda vía de contacto con la Administración estadounidense, marcando distancia de la estrategia del propio Maduro, quien había mantenido conversaciones telefónicas con Trump semanas antes de su captura.
Choque, crisis y opciones
Frente a la eventualidad de un enfrentamiento, las autoridades cubanas admiten los «grandes problemas» que encaran debido a la crisis estructural que afecta al país desde hace años, una situación que la interrupción del suministro de petróleo venezolano ha comenzado a agudizar.
Del mismo modo, son conscientes de la amenaza de una «agresión militar» por parte de Washington, a la que afirman que se opondrán, aunque reconocen que sería un conflicto de fuerzas desigual.
El propio Díaz-Canel manifestó en sus redes sociales que Cuba está «dispuesta a defender a la Patria hasta la última gota de sangre”. Esta metáfora fue replicada por otros altos funcionarios del gobierno y del Partido Comunista de Cuba (PCC), el único legal en el país.
No obstante, fuentes gubernamentales indican que aún disponen de opciones que prefieren no revelar y mantienen la esperanza de que aliados históricos, particularmente Rusia y China por su influencia global, continúen apoyando a la isla.
Resulta una incógnita el tipo de respaldo que esperan recibir en un escenario geopolítico donde Estados Unidos prioriza el uso de la fuerza, incluso con sus aliados tradicionales, y el mundo se fragmenta en áreas de influencia de las grandes potencias.
A lo largo de su historia, la revolución cubana ha convertido un conjunto de frases, a menudo de carácter épico, en símbolos que condensan su ideología. Estas son las consignas que las autoridades de la isla repiten en discursos y redes sociales para reafirmar sus posturas.
Dos de ellas capturan el estado de ánimo que parece dominar en el núcleo del poder cubano actualmente, tras la captura de Maduro y el inicio de las advertencias de Estados Unidos.
Una es «Hasta la victoria siempre», inmortalizada por el guerrillero argentino Ernesto «Ché» Guevara en su carta de despedida. La otra, más directa, fue proclamada por el comandante revolucionario Juan Almeida en medio de un combate en la Sierra Maestra: «¡Aquí no se rinde nadie, cojones!».