Consternado y con profundo pesar Douglas Chiquito, padre del basquetbolista y quien se desempeña como profesor de Eduación Física, describió a su único hijo como un hombre honesto y entregado al deporte. “Desde pequeño lo formé para que amara lo que sabía hacer. Era un hijo y jugador ejemplar”, recordó el entristecido hombre, acompañado de su esposa Marisol Sanz de Chiquito.
Al ser las 11:30 a. m. su padre y varios amigos ahogados en llanto cargaron el ataúd hasta el carro fúnebre. Mientras la caravana de carros estaba por iniciar.
Padre y amigos de Chiquito cargaron su féretro hasta el carro fúnebre.
Más de cinco coronas de flores adornaron el vehículo que trasladó los restos de Chiquito hasta el gimnasio cubierto “Pedro Elías Belisario Aponte”, donde le rindieron honores por su trayecto como deportista.
Tras llegar al Belisario, parte de sus compañeros del equipo Gaiteros del Zulia lo esperaban. Sus restos fueron llevados hasta el centro de la cancha deportiva, donde los abrazos y llanto de dolor no se hicieron esperar. Sobre la caja de madera fue posada su camiseta amarilla y verde con el número 35 que lo identificaba.
“Este lugar nunca olvidará a Douglas Chiquito. Él amaba su vida y a los niños. Siempre estaba presto para todo”, expresó entristecido Wilfredo García, presidente de la Asociación Zuliana de Baloncesto.
García recordó que la carrera deportiva de Chiquito inició en la Escuela de Baloncesto en Lago Azul. “Comenzó a los 10 años. Desde niño se destacaba como un gran atleta. Siempre talentoso, trabajador y proyectado”, dijo.
Durante el homenaje, María Raquel Huerta, esposa de Chiquito se acercó hasta el féretro del jugador y se posaba sobre él con lágrimas en los ojos. Los padres del joven basquetbolista se siempre mantuvieron a su lado.
Cerca de ellos uno de los amigos de Chiquito también aguardó con una camiseta del mismo color y un mensaje en su pecho que citaba “Douglas, te amo”. Impotencia y dolor expresó siempre en su rostro.
Culminada la ceremonia, los aplausos no se hicieron esperar. Los presentes se acercaron hasta el ataúd y vieron por última vez el rostro del jugador, antes que sus restos fueran llevados al cementerio La Chinita, donde le dieron cristiana sepultura.