El estudio se centró en el esprint, definido como una carrera corta o un acelerón explosivo de máxima potencia, con una duración que oscila entre los 10 y 30 segundos. Esta modalidad, comúnmente empleada en competencias deportivas para cerrar con fuerza, ha demostrado ser una herramienta eficaz para potenciar la capacidad física del cuerpo.
Los investigadores comprobaron que estas sesiones intensas impactan directamente en las exerquinas, moléculas como proteínas y metabolitos que se liberan en la sangre tras el entrenamiento. Estas sustancias actúan como mediadores esenciales para los beneficios metabólicos observados.

Tras una sola sesión, se detectaron variaciones en casi el 25% de las proteínas analizadas. Esto se traduce en cambios significativos en más de 200 metabolitos, además de un incremento inmediato en proteínas vinculadas al desarrollo de vasos sanguíneos, la regeneración de tejidos y la regulación hormonal. En contraste, el ejercicio de baja intensidad, incluso cuando se realiza durante periodos prolongados, no logra alcanzar resultados similares.
La investigación también destacó que las células adiposas expuestas a muestras sanguíneas post-entrenamiento muestran cambios en la lectura del ADN, optimizando el procesamiento energético y la respuesta hormonal. Estas proteínas activadas tras el esfuerzo están asociadas a una reducción en el riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares, además de contribuir a un envejecimiento biológico más lento.
Luke Olsen, investigador de la Universidad Rockefeller y coautor del estudio, destacó la sorpresa que genera observar cómo una respuesta molecular tan significativa puede ser desencadenada por apenas unos minutos de esfuerzo, manteniendo sus efectos beneficiosos incluso ocho semanas después de la actividad.