Ante esta situación, la congelación se presenta como una alternativa técnica sumamente efectiva, capaz de extender la vida útil de este producto de manera significativa. No obstante, para que este procedimiento mantenga las cualidades organolépticas intactas, es vital comprender cómo reaccionan sus componentes ante las temperaturas bajo cero.
Un manejo inadecuado durante el almacenamiento o en el proceso posterior de descongelación puede alterar su textura, restando sabor y frescura a las piezas, lo cual desaprovecha las ventajas de este hábito de conservación doméstica.
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Foto: Magnific
Disfruta del pan como recién hecho
El pan puede conservarse de manera óptima en el congelador durante un periodo de tres meses, tiempo en el cual mantiene su aroma y textura originales. Aunque es seguro consumirlo después, superado este trimestre comienza a perder calidad y a resecarse.
El frío extremo a -18 °C detiene la proliferación de bacterias y evita que los almidones se cristalicen, proceso que normalmente lo endurece. Para congelarlo de forma correcta, se aconseja guardarlo el mismo día de su adquisición.
Si se almacena en rebanadas, resulta ideal colocar papel de horno entre ellas y utilizar bolsas de plástico herméticas especiales para congelación, ya que las bolsas de papel no protegen el alimento contra la deshidratación ni contra los olores externos.
Para recuperar el pan en rebanadas, se puede emplear la tostadora directamente con la función de descongelado, dorarlo en una sartén antiadherente a fuego medio, o introducirlo en el microondas envuelto en papel de cocina en intervalos cortos de diez segundos para evitar una textura gomosa.
Por otro lado, si se desea descongelar una barra entera, lo ideal es humedecer ligeramente su superficie con agua y calentarla en el horno convencional a 180 °C durante unos quince minutos, logrando que la corteza vuelva a quedar crujiente.
También se puede dejar a temperatura ambiente dentro de su bolsa durante unas horas. Si aparece una capa blanquecina al descongelarse, no se trata de moho, sino de un efecto físico de deshidratación molecular que se minimiza descongelando el producto tapado.