El fraude en línea se ha consolidado como la modalidad de estafa más común, y la inteligencia artificial (IA) está potenciando su propagación a un ritmo alarmante. Ante este escenario, la ONU advierte que numerosas naciones no poseen la preparación adecuada para contener un delito que enriquece al crimen organizado con miles de millones de dólares. Esta alerta se produce justo antes de una cumbre crucial sobre el tema que se celebrará en Viena.


FIFA World Cup 2026™
📅 11 Junio – 19 Julio 2026

«Actualmente, el fraude, y en especial el fraude por internet, es el crimen de más rápido crecimiento en una gran cantidad de países, sobre todo en aquellos con ingresos medios y altos», detalló a EFE John Brandolino, quien ocupa el cargo de director interino de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD).
Frente a la magnitud de este problema, la capital de Austria será la sede de la ‘Cumbre Global contra el Fraude’ este lunes y martes. El evento, coorganizado por la ONUDD e Interpol, congregará a representantes de gobiernos, gigantes tecnológicos y miembros de la sociedad civil para buscar soluciones a esta creciente amenaza.
El director de la ONUDD reconoce que no hay una cifra exacta sobre las pérdidas globales por estos delitos, pero las estima en «miles y miles de millones» de dólares cada año. Además, destaca que la cifra real podría ser mucho mayor, ya que muchas víctimas no denuncian por vergüenza o incomodidad.
Brandolino apunta que la mayoría de los delitos hoy en día tienen un componente digital. En el caso del fraude, este aspecto es ya el principal y su crecimiento supera al de las estafas tradicionales. La red permite a los delincuentes encontrar víctimas de manera económica y rápida, traspasando fronteras sin dificultad, a diferencia de los fraudes físicos que requieren proximidad y son más fáciles de investigar.
La IA al servicio del crimen
La inteligencia artificial se ha transformado en un elemento «muy disruptivo», según Brandolino, al dotar a los criminales de una mayor eficacia. Esta tecnología les permite ampliar su base de víctimas potenciales, operar en múltiples idiomas, extender su radio de acción geográfico y procesar datos a gran velocidad para personalizar sus mensajes y tácticas.
Si bien el directivo admite el riesgo de los ‘deepfakes’ y la clonación de voz en las nuevas estafas, considera que la capacidad de la IA para industrializar el fraude es aún más alarmante. Esto se logra mediante el envío masivo y automatizado de miles de mensajes en diferentes idiomas.
Los criminales, explica, «operan por números»: a mayor cantidad de correos y mensajes enviados, mayor es la probabilidad de que alguien caiga en la trampa. Este modelo industrial se complementa con una especialización cada vez mayor. El fraude en línea no solo es más común, sino que está más estructurado y, en ocasiones, se vincula con otros delitos graves como la trata de personas y el lavado de dinero.
Estados poco preparados
Brandolino subraya que muchos Estados, particularmente los que están en vías de desarrollo, enfrentan graves dificultades para combatir este fenómeno debido a la falta de tecnología y recursos. «Muchas de las herramientas de cooperación gubernamental son del siglo XX, mientras nos enfrentamos a organizaciones criminales del siglo XXI con un altísimo nivel de sofisticación», sentenció.
Este desfase se traduce en problemas para compartir información de manera ágil entre países y en una capacidad técnica insuficiente para investigar los delitos. Estas deficiencias son más notorias en las pesquisas transnacionales, donde el fraude digital atraviesa fronteras utilizando plataformas privadas y sistemas financieros complejos.
«Es un delito cada vez más especializado, que crece en volumen, y vemos que los países no están al día para poder afrontarlo», insiste Brandolino. Por ello, uno de los objetivos clave es fortalecer la cooperación, no solo entre Estados, sino también con empresas tecnológicas, entidades bancarias y el sector privado en general.
El jefe interino de la ONUDD resalta que las grandes tecnológicas y financieras a menudo poseen más información en tiempo real que los propios gobiernos sobre perfiles falsos, sitios web fraudulentos y patrones de estafa emergentes. Además, disponen de herramientas para actuar con celeridad, eliminando cuentas, monitoreando movimientos sospechosos o retrasando operaciones dudosas.
Brandolino se muestra optimista en que una mejor cooperación entre los Estados y una mayor implicación del sector privado podrían afectar significativamente la actividad de las redes criminales, reduciendo sus ganancias y el número de víctimas.