Investigaciones señalan que las primeras alarmas surgen cuando un joven pierde el interés en actividades como el deporte y opta por la interacción digital, a menudo porque experimenta sentimientos de insuficiencia.
Comportamientos que requieren intervención de un especialista
El psicólogo educativo Luis Castellano, de la escuela Tricolor en la Av. El Cuartel, explica que la depresión y la ansiedad en los adolescentes no siempre se manifiestan con una tristeza evidente.
Con frecuencia, se presentan a través de una fuerte reactividad y hostilidad ante solicitudes sencillas. “Esto es un indicativo de que ya han rebasado sus propios límites de estrés y capacidad de autorregulación”, afirma.
Castellano argumenta que el incremento de altibajos emocionales y las conductas arriesgadas son un mecanismo de defensa para eludir un vacío interior, el cual las redes sociales solo consiguen magnificar de forma pasajera.
“El uso del teléfono móvil en la madrugada interfiere con los ciclos de sueño. Además, se busca una validación externa que provoca una alteración química en el cerebro, la cual demanda cada vez más estímulos”, detalla el experto.
Estos son algunos de los cambios a los que debe prestar atención:
- Alteraciones en el apetito, ya sea comiendo mucho más o mucho menos de lo habitual.
- Signos de abstinencia cuando se restringe el acceso a la tecnología.
- Problemas de insomnio que repercuten negativamente en el estado de ánimo.
- Prácticas de autolesión, como rasguños o quemaduras leves, que no buscan el suicidio pero sí aliviar el dolor emocional.
- Una baja notable en el rendimiento escolar.
- Un posible déficit de atención que no ha sido diagnosticado previamente.
En situaciones como estas, los psicólogos fungen como mediadores para ayudar al joven a reconstruir su identidad y a establecer una conexión genuina con su cuerpo y su entorno.
“Hoy es frecuente que los jóvenes desarrollen una obsesión preocupante por su apariencia física, influenciados por las ‘dietas saludables’ que se popularizan en plataformas como TikTok”, señala Castellano.
El prejuicio en torno a la salud mental continúa siendo el principal impedimento para salvar vidas. Admitir que un hijo “no puede manejarlo solo” es el primer y más importante paso hacia la recuperación familiar.
“Mi deseo es que las escuelas y las familias colaboren para detectar casos de acoso escolar o cualquier otro trastorno. Esta intervención temprana permite adaptar las estrategias para prevenir un colapso en el menor”, concluye el psicólogo.
La terapia no solo alivia los síntomas, sino que también equipa al adolescente con mayor confianza y fortaleza emocional para el futuro.