Emilio Breindembach, quien lidera la dirección de Hortalizas dentro del gremio, destacó que ciertos productos de mayor demanda habitual, como la papa, la cebolla y el tomate, han experimentado una disminución en sus ventas. En contraste, otros rubros como el calabacín y el brócoli han sufrido un impacto aún mayor en su comercialización.
“El poder adquisitivo del venezolano es tan bajo que ha implicado en que no se venda la hortaliza como antes”, afirmó Breindembach. A esta situación se suma una contracción generalizada en la siembra de verduras y hortalizas en el territorio nacional, afectando de manera particular a los estados de la región andina, tradicionalmente los mayores productores de estos rubros.
Señaló que entidades como Mérida, Táchira y Trujillo sufrieron la pérdida de al menos 150 hectáreas de siembra, las cuales resultaron gravemente perjudicadas por las precipitaciones ocurridas en el mes de julio. Estos cultivos representaban el 80% de la producción agrícola familiar en esa zona.
Las inversiones realizadas por estos pequeños productores, que oscilaban entre mil y tres mil dólares por hectárea, fueron asumidas íntegramente por ellos mismos debido a la ausencia de opciones de financiamiento. “La pérdida de esas inversiones es un tema grave para recuperarse, porque las siembras estaban hechas y las inversiones fueron fuertes”, sentenció.