Según datos de la consultora Kpler, citados por Bloomberg, los envíos de nafta desde Rusia superaron los siete millones de barriles entre marzo y octubre de 2025, reemplazando por completo los flujos provenientes de EE UU.
La nafta es esencial para mantener la producción y exportación del crudo extrapesado venezolano, que representa más de la mitad de los 1,1 millones de barriles diarios que produce el país. Este insumo permite diluir el petróleo espeso para facilitar su transporte por oleoductos y su colocación en mercados internacionales, especialmente en Asia.
La reconfiguración del suministro ocurre en medio de una creciente cooperación entre Caracas y Moscú, que incluye acuerdos en materia energética y defensa. Esta alianza busca sortear las restricciones impuestas por Occidente y fortalecer la soberanía energética de ambos países.
¿Un nuevo eje petrolero?
El desplazamiento de Estados Unidos como proveedor clave de insumos energéticos marca un hito en la política exterior venezolana. Analistas internacionales señalan que este acercamiento con Rusia podría consolidar un nuevo eje petrolero, en el que países sancionados por Washington buscan alternativas comerciales y tecnológicas para sostener sus industrias.
Además del suministro de nafta, se espera que Rusia incremente su participación en proyectos de refinación y exploración en Venezuela, lo que podría modificar el equilibrio geopolítico en el Caribe y Sudamérica.