Entre el silencio que impone el duelo, el niño se acercó a su abuelo, Miguel Uribe Londoño, a quien abrazó con fuerza, como buscando consuelo en ese gesto. Luego, en brazos de su madre, el pequeño se acercó lentamente al féretro cubierto por la bandera nacional, donde reposaban los restos de su progenitor.
La familia permaneció unos minutos en torno al ataúd. Tarazona, vestida de blanco, depositó un beso en la frente de su pequeño hijo, dejando una imagen que condensó el dolor personal y la despedida de un líder que, tras una prolongada lucha por su vida, no logró sobrevivir al atentado que lo convirtió en un símbolo de resistencia.
La despedida de Miguel Uribe Turbay no es un hecho aislado. Tras dos meses de intensa batalla médica en la Fundación Santa Fe de Bogotá, el político de 39 años falleció este lunes 11. Había sido víctima de un atentado armado el pasado 7 de junio durante un acto político en la localidad de Fontibón, en Bogotá, lo que lo dejó en estado crítico y sometido a múltiples intervenciones quirúrgicas.
Desde el día del ataque, el país se unió en oraciones, vigilias y mensajes de solidaridad. Medios, líderes políticos y ciudadanos anónimos siguieron de cerca cada reporte médico. Lo que comenzó como un acto violento contra un candidato pronto se transformó en un debate nacional sobre la protección a líderes democráticos, el respeto por la vida y la necesidad de fortalecer las garantías.