En la entrada de Cabimas, específicamente la Avenida Andrés Bello en el sector La Misión, se observaba a los siete buses donde fueron traslados los presos, mientras que sus familiares a una distancia prudencial y hasta donde se lo permitieran los funcionarios castrenses y policiales presentes, miraban el procedimiento, esperanzados que su estadía sea diferente a la experimentada en el Retén de Cabimas, donde el hacinamiento, la tuberculosis, la escabiosis y la deficiencia en los servicios públicos, eran sus enemigos diario mientras se decidía su proceso judicial.
Se pudo conocer de manera extraoficial que aún en el interior del Centro de Arresto Preventivo de la COL, permanece unos 60 reclusos que esperan para las próximas horas por su traslado y unos 20 penados que esperan recibir un beneficio y el resto en condición de procesados.
Por todo se paga
Una vez realizado el traslado de los reclusos en las afueras del Retén de Cabimas, quedaban familiares que solicitaban retirar las pertenencias de los reclusos, entre ellos algunos enseres domésticos, donde se pudo observar neveras, ventiladores, tobos, botellones de agua potable, filtros, entre otros.
Pero para poder obtenerlo, manifestaron que debían cancelar un monto entre 8 y hasta 15 dólares, según la petición del funcionario o custodio del área.
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