Los manifestantes, encabezados por los transportistas, están molestos con Moreno, quien promueve una política promercado tras años de un gobierno de izquierda y está alineando sus medidas económicas a las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI), tras un préstamo por unos 4.200 millones de dólares.
La decisión de eliminar los subsidios al diésel y la gasolina extra, que habían estado vigentes por décadas, provocó violentas protestas en un país con una larga historia de inestabilidad política.
“Conversar, claro que sí; habrá mecanismos para paliar un poco el efecto en algunos sectores, claro que sí. Estamos dispuestos a hacerlo”, dijo Moreno en la ciudad de Guayaquil.
“Pero bajo ninguna circunstancia vamos a cambiar la medida (…) No voy a cambiar la medida, que quede claro: se eliminó el subsidio, se acaba la zanganería”, agregó a periodistas.
Los servicios de autobuses y taxis continuaban paralizados y la agencia de tránsito del Municipio de Quito advirtió de cierres en calles de varios puntos de la ciudad. Testigos de Reuters vieron a cientos de personas que trataban llegar a su trabajo caminando o en autos privados.
El jueves, cuando entró en vigencia la medida, manifestantes enmascarados arrojaron piedras y combatieron a la policía en la capital, en los peores disturbios en años en el país petrolero de 17 millones de personas.
Los sindicatos de transportistas comenzaron la protesta, a la que se fueron sumando grupos indígenas, de estudiantes y gremios de trabajadores a lo largo del país.