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Aprende cómo controlar un ataque de epilepsia

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Imagen de la noticia: Aprende cómo controlar un ataque de epilepsia

El síntoma epiléptico por excelencia, y aquel que define la enfermedad, es la crisis epiléptica, ya que es preciso que se presenten dos o más crisis espontáneas para que se diagnostique esta patología, debido a que se puede tener una crisis epiléptica aislada y ello no significa que se padezca epilepsia.

Otros síntomas de la epilepsia son: mareos, dificultad para hablar, sensación de desconexión con el entorno, convulsiones, rigidez muscular, etcétera.

Por otra parte, se denomina síndrome epiléptico al conjunto de síntomas y signos que definen un proceso epiléptico por el tipo de crisis, su historia natural, que incluye una o varias causas reconocidas, la predisposición hereditaria, un determinado tipo de crisis y de anomalías en el EEG, la respuesta al tratamiento y el pronóstico.

Las manifestaciones clínicas de una crisis epiléptica se presentan de forma repentina y su duración es breve. Pueden ser motoras, sensitivas (alteraciones de la visión, el gusto o el oído), vegetativas, psíquicas, con o sin disminución de la consciencia. Los síntomas dependen del área cerebral en la que se origina la descarga, y de su extensión o no al conjunto del cerebro. Una crisis epiléptica se considera un síntoma y, con carácter aislado, no demuestra la existencia de un síndrome o enfermedad epiléptica; de hecho, del 2% al 3% de la población sufre una crisis epiléptica en algún momento de su vida.

Factores desencadenantes

Las crisis epilépticas pueden surgir como respuesta a diversos estímulos, y según la naturaleza de los mismos son clasificados como:

  • Crisis provocada: es la que aparece en relación temporal inmediata con una agresión aguda del cerebro como un ictus, un traumatismo, anoxia (falta de oxígeno), encefalitis o una alteración tóxico-metabólica aguda.
  • Crisis precipitada: es la que ocurre como consecuencia de un factor inespecífico como la falta de sueño, el estrés o el consumo excesivo de alcohol, en una persona con o sin crisis espontáneas previas.
  • Crisis refleja: es la que sucede a un estímulo sensitivo o sensorial.

Actividad y remisión

Una epilepsia está en actividad cuando el paciente ha sufrido una crisis en los dos últimos años. Una epilepsia está en remisión si no se han producido crisis en dos años. Esta distinción es importante para determinar si el paciente debe continuar o no en tratamiento farmacológico.

El diagnóstico de la epilepsia es clínico y se basa en el interrogatorio. Es necesario obtener información de un familiar o allegado que haya sido testigo de los ataques, pues el paciente no es capaz de describirlos en su totalidad.

Hay que intentar conocer todo lo ocurrido antes, durante y después de la crisis. Es muy importante incidir en los antecedentes personales (trauma perinatal, alteraciones del desarrollo psicomotor, convulsiones febriles, meningoencefalitis, traumatismos cerebrales, o historia familiar de epilepsia).

Igualmente, se deben realizar siempre análisis de sangre y orina, radiografía de tórax, un electrocardiograma (ECG) y un electroencefalograma (EEG).

La neuroimagen por TAC-RMN permite identificar la mayoría de las lesiones cerebrales causantes de la epilepsia (lesiones anatómicas visibles), pero no se puede realizar a todos los pacientes. Se utiliza en aquellas epilepsias de causa desconocida, especialmente si es de comienzo reciente, si la exploración neurológica es anormal o si en el EEG existen signos de sufrimiento cerebral focal.

El tratamiento de la epilepsia es principalmente farmacológico. En un 50-60% de los pacientes, el tratamiento farmacológico es sencillo, eficaz al primer intento, y requiere poca supervisión; un 20% de los pacientes necesitan ajustes o combinaciones de fármacos, y otro 20% de pacientes son incontrolables con los fármacos actuales. Una minoría de pacientes son susceptibles de tratamiento quirúrgico.

Los fármacos antiepilépticos (FAEs) tienen como objetivo el control total de las crisis sin producir efectos adversos. En general, inhiben los circuitos neuronales cerebrales y son eficaces si se prescriben correctamente.

Los FAEs se deben introducir de forma lenta y progresiva. En general las dosis se incrementan en 4-6 semanas. Es importante el cumplimiento estricto del tratamiento y es muy grave el abandono brusco del mismo. Si fuese necesario un cambio de tratamiento, este se realizará de forma gradual. Si se comprueba que un fármaco es ineficaz, se introduce otro de forma progresiva, y hacia la segunda o tercera semana, se retira el primero.

Solo la toxicidad producida por los FAEs es razón suficiente para suspender un tratamiento antiepiléptico. Si el tratamiento es eficaz y sin efectos secundarios no debe modificarse por ninguna razón. Sin embargo, se considera que tras un plazo de varios años sin crisis se puede plantear la suspensión del tratamiento (en general de 2-5 años). Esta decisión debe ser individualizada y aconsejada por un neurólogo.

El tratamiento quirúrgico de la epilepsia se realiza a un paciente portador de una lesión benigna y estática, con el objetivo de librarlo de las crisis. Deben cumplir el requisito de padecer una epilepsia fármacorresistente. También se tiene en cuenta el número y tipo de crisis (parcial o focal) y su repercusión en la calidad de vida del enfermo. Debe realizarse un estudio previo a la cirugía para localizar la zona que origina las crisis, y poder extirparla sin ocasionar defectos neurológicos.

Con información de noticierovenevision.net
#Salud

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