El Vicente Calderón fue una verdadera caldera desde el primer minuto, como suele ser, pero los blaugranas (hoy de aguamarina) tenían la llave para silenciar al ruidoso estadio de la capital española. Al minuto siete de la primera mitad, cuando apenas se estaban acomodando en las tribunas los últimos espectadores, Javier Mascherano recuperó un balón en su propio campo y el rechace cayó en los pies de Luis Suárez. El delantero uruguayo marcó una corrida magistral, con autopase incluído, y definió con el borde externo del pie ante la salida de Miguel Ángel Moyá.
El gol fue una verdadera obra de arte, un despliegue de condiciones físicas, clase y talento, todo empacado en un solo jugador, el mejor – o uno de los mejores – delanteros centro del mundo. Los colchoneros trataron de sacudirse el gol rápido, lo intentaron, mordieron, corrieron, pero no contaron con la aparición determinante de Lionel Messi.
El argentino estampó su firma en uno de los mejores goles de lo que va de competición. Iván Rakitic cedió un balón a Messi en la frontal del área, y el atacante enganchó un zurdazo que atravesó un mar de defensores y se incrustó en el palo derecho de Moyá, cuya estirada solo sirvió para darle espectacularidad a la acción.
0-2 en el marcador, el primer tiempo expirando y un Barcelona aferrado al resultado, fue mucho para un Atlético que terminó pidiendo el final de la primera mitad. Pero si hay algo que no puede hacerse es dar por muerto a este Atlético de Madrid desde que Diego Pablo Simeone es su entrenador.
En la segunda parte arrancó un juego nuevo. Los locales se fueron arriba en busca de un gol, o dos, o los que cayeran, con la fe del que se sabe capaz de levantar cualquier resultado. Fernando Torres, Antoine Griezmann, Saúl Ñiguez, Koke, todos lo intentaron, uno tras de otro, sin conseguir premio alguno.
Hasta el minuto 59. Gabi, el capitán colchonero, colgó un balón en el área, Godín recentró la pelota y Griezmann empujó la pelota, también de cabeza, para alcanzar el descuento.
La fe colchonera no se detuvo allí. Simeone movió el banco, y las llegadas siguieron cayendo sobre el arco defendido por Cillessen, con algún sobresalto para los locales, quienes a la contra dejaban muchos espacios. Finalmente el resultado no volvió a cambiar, y Barcelona se lleva un resultado de oro, con media serie en el bolsillo, aunque Atlético no pondrá fácil el trámite en el Camp Nou.