De acuerdo con la información recabada por los satélites europeos, el desplazamiento de la corteza terrestre resultó ser más significativo de lo que se había calculado inicialmente. Los datos confirman que, en áreas próximas a Caracas y La Guaira, el terreno experimentó una elevación de hasta 65 centímetros.
Los satélites Sentinel-1, pertenecientes al programa europeo Copernicus, efectuaron el registro de las zonas el 18 de junio, antes de los eventos sísmicos, y posteriormente los días 24 y 25 de junio, una vez ocurridos los fenómenos.
Los especialistas realizaron un contraste entre ambas mediciones, lo que permitió elaborar un mapa detallado que expone con gran precisión el alcance del movimiento de la corteza terrestre, según informó El Nacional.
Es importante destacar que los dispositivos Sentinel-1 no funcionan como cámaras convencionales; operan mediante un radar de alta tecnología que emite ondas de radio hacia la superficie terrestre de forma diagonal. Estas señales viajan a la velocidad de la luz, impactan contra el suelo y retornan al satélite.
Al calcular el tiempo exacto que tardan estas ondas en regresar, es posible determinar la distancia con una precisión milimétrica.
Mediante el cruce de datos obtenidos de dos órbitas distintas sobre un mismo punto, la tecnología satelital aplica la interferometría para crear un mapa cromático denominado interferograma, donde cada franja de color simboliza una variación en la distancia entre el satélite y el terreno.
Debido a que el radar satelital registra los desplazamientos de manera diagonal y no exclusivamente vertical, estas lecturas deben considerarse como una referencia preliminar que requiere ser validada con mediciones directas en el terreno.
Según los reportes de la Agencia Espacial Europea, los dos terremotos fueron originados por la interacción entre la placa del Caribe, que se desplaza hacia el este, y la placa Suramericana.
Este proceso geológico tiene lugar fundamentalmente a lo largo de la falla de San Sebastián, ubicada frente a la costa norte del país, avanzando a una velocidad aproximada de 15 milímetros por año.
La información recopilada por el satélite Sentinel-1 ratifica que la mayor parte de la fractura en el suelo ocurrió bajo el nivel del mar, lo cual refuerza las advertencias emitidas por estudios previos sobre la vulnerabilidad de esta región ante la actividad sísmica.