La joven zuliana era parte del creciente fenómeno de «migración inversa», con el que muchos buscan retornar a su tierra natal. Después de haber vivido dos años en México, Harena emprendió el viaje de vuelta, zarpando en una lancha desde Colón con destino a Puerto Obaldía, en Panamá.
De acuerdo con el informe oficial, la lancha, de nombre “Mariyi”, no resistió el fuerte oleaje del Caribe y zozobró en las proximidades de la comarca Guna Yala, una zona costera al este de Panamá fronteriza con Colombia. En el siniestro, Harena perdió la vida por asfixia por inmersión, al igual que otra mujer venezolana y un hombre de nacionalidad colombiana.
El fallecimiento de la joven perijanera deja sin su madre a una niña de cuatro años que la aguardaba en su ciudad natal. La AMP ha comenzado las averiguaciones pertinentes para esclarecer si el accidente se debió a negligencia o a un exceso de pasajeros en la lancha. Asimismo, informaron sobre una cuarta persona cuyo estado de salud es «reservado», sin especificar su nacionalidad.
Las autoridades señalaron que el número de migrantes en flujo inverso que arribaron a Panamá en 2025 alcanzó los 22.833. De este total, más del 90 % eran de nacionalidad venezolana, seguidos por colombianos, peruanos y ecuatorianos, según información de EFE.
Este movimiento migratorio de norte a sur se contrapone con la notable disminución de personas que atraviesan la selva del Darién, la frontera natural entre Colombia y Panamá, en su ruta hacia Estados Unidos. En 2023, un año récord, 520.000 viajeros irregulares cruzaron esta ruta, mientras que en 2024 la cifra superó los 300.000, según la misma agencia.
EFE atribuye la drástica reducción del flujo migratorio hacia Norteamérica a la estricta política migratoria implementada por el gobierno del presidente Donald Trump, que incluye deportaciones masivas y severas restricciones internas. A esto se suman las acciones de Panamá, como el cierre de rutas en la selva del Darién.