Al final de una carretera casi sola, silenciosa y con huecos, que bordea el campo petrolero Campo Rojo, conduce al centro social y deportivo del mismo nombre.
Sus áreas de juegos de mesa como pool, cancha de bolas criollas, bar, restaurant y pista de baile, eran escenarios de tertulias semanales. Ahora, de estas instalaciones solo quedan sus recuerdos.
En los tiempos «de oro» la estructura recreativa fue considerada como una “perla” de Petróleos de Venezuela, S.A. (Pdvsa). En ese club se presentaron agrupaciones musicales, se celebraron cumpleaños, planes vacacionales, aniversarios, reuniones y demás.
Según se pudo conocer, a partir del año 2013, aproximadamente, comenzó su abandono.
Los vigilantes que cuidaban las instalaciones desaparecieron paulatinamente, al igual que funcionarios militares.
Los vidrios de las puertas y ventanas fueron rotos, algunas paredes fueron demolidas, los retretes y duchas de los baños ya no existen y parte del techo fue completamente desvalijado, es decir, ya no queda nada de aquel club, ahora sus instalaciones solo sirven de guarida para antisociales.
El escenario prácticamente desapareció en medio del monte y hurtaron todo el cableado y la iluminación. Los marcos de las puertas y ventanas también se las llevaron.
Una fuente consultada, que prefirió mantener su nombre en el anonimato, comentó que “se llevaron todos los aires acondicionados, mesas de pool, cocinas de acero, neveras y refrigeradores, en las propias camionetas de Pdvsa”.
En la parte trasera del club, donde corrían los niños y hacían actividades educativas y de esparcimiento, está completamente enmontado.
Aunque casi exclusivamente quienes disfrutaron de las instalaciones fueron los trabajadores de Pdvsa y sus familiares, los vecinos extrañan el club y piden a las instituciones del Estado, que recuperen los espacios y los pongan al servicio de la educación, del deporte y del entretenimiento colectivo para los lagunillenses.
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