Parece que cada día tenemos menos tiempo en nuestras vidas para el ocio y el deporte. Ante la falta de espacio en la agenda, hay quien se anima a ir al gimnasio o hacer ejercicio por la calle antes de empezar el día. Sea a las seis, siete u ocho de la mañana, ejercitarse antes de desayunar no es una práctica extraña, aunque haya quien pueda verlo como una locura. ¿Madrugar para hacer deporte? Sí, muchos lo hacen.

En la mayoría de ocasiones sirve para despertar cuerpo y mente, así como enfocar el día más activo. No se recomienda desayunar si se va a entrenar muy pronto porque puede ser problemático lanzarse al ejercicio sin la digestión hecha.

Después de hacer ejercicio en ayunas los expertos recomiendan la ingesta de alimentos ricos en hidratos para reponer los músculos y las fuerzas gastadas. También una rápida recuperación en lo que respecta a los líquidos que se han perdido durante la práctica.

Si es un entrenamiento que se puede completar durante cualquier otro momento del día, practicarlo en ayunas no es indicativo de que la persona se vaya a quedar sin energías durante su realización, aunque sí se recomienda en una primera fase cuidar más la alimentación para prevenir percances o que el cuerpo reaccione de forma negativa al nuevo horario.

Además, también se recomienda estirar antes y no empezar a correr, si es el caso, en frío a los pocos minutos de despertarse por el aumento de posibilidades que existe de sufrir lesiones.