A fin de comprobar si existe esa diferencia, el equipo de Dorottya Ujfalussy y Eniko Kubinyi, de la Universidad Eötvös Loránd en Hungría, evaluó el desarrollo de la obediencia en lobos criados por humanos y en perros criados del mismo modo.
Un aspecto importante del enfoque de este estudio es que perros y lobos se compararon a edades tempranas, por lo que toda diferencia o similitud no podía haber sido modificada por los procesos de desarrollo con la misma intensidad que en los individuos adultos.
El grado de obediencia y facilidad de trato se comprobó a través de varias situaciones, incluyendo llamar al animal para que viniera, ordenar al animal sentarse, sacarlo a pasear con bozal y cepillarle el pelo.
Ujfalussy y sus colegas han constatado que, a pesar de la intensa socialización, los lobos seguían siendo menos manejables que los perros. Los lobos intensamente socializados acudían a las llamadas, se sentaban a petición y consentían caminar con bozal, pero en muchas otras situaciones seguían siendo menos manejables y menos controlables que los perros, especialmente en contextos que implicaban el acceso a un recurso (por ejemplo, a comida).
En la nueva investigación, se evaluó el grado de obediencia a sus dueños humanos de lobos y perros criados por personas en ambos casos. (Imagen: Járdány / Eötvös Loránd University)
Basándose en estos resultados, el equipo de Ujfalussy sugiere que la obediencia fue una cualidad indispensable para hacer del perro el «mejor amigo del Hombre».
Es importante matizar que, aunque los lobos debidamente adiestrados pueden aceptar algunas órdenes de humanos y hacer cosas como por ejemplo sentarse a petición de sus dueños, no son adecuados como mascotas. Sin embargo, para los lobos cautivos en parques zoológicos y en otras instalaciones autorizadas, la socialización y el adiestramiento sí pueden ser una vía aceptable para garantizar una mejor relación de los lobos con sus cuidadores humanos y reforzar la seguridad laboral de estos.