Y es que según Sergi Lanau, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional y actual economista jefe del Instituto Internacional de Finanzas, las sanciones de Estados Unidos han afectado mucho más que las exportaciones de petróleo de Venezuela, pues el presidente Donald Trump prohibió el año pasado todas las exportaciones estadounidenses de diluyentes y aditivos que PDVSA requiere para llevar su crudo a 45 grados API, que es la medida de consistencia adecuada para que el petróleo venezolano pueda ser vendido en el mercado mundial debido a su textura extremadamente espesa.
El experto asegura que para el gobierno de Maduro se ha vuelto muy difícil encontrar alternativas de proveedores, lo cual al mismo tiempo obstaculiza a PDVSA de mejorar su petróleo pesado para exportarlo.
“Las sanciones a Venezuela afectaron más que las exportaciones de petróleo. El país importaba diluyentes y gasolina desde Estados Unidos. Encontrar alternativas de proveedores se vuelve duro, que a su vez hace más difícil mejorar el crudo pesado para exportarlo”, afirmó el economista en su cuenta de Twitter tras un estudio realizado por el Instituto Internacional de Finanzas, con sede en Washington.
El gráfico detalla en su curva más prominente y extensa (la que está marcada con la palabra “sanciones”) que las importaciones venezolanas de insumos petroleros desde Estados Unidos cayeron de 450 millones de dólares a finales de 2018 hasta $50 millones en lo que va de 2019.
Esa merma en las importaciones petroleras de PDVSA también incluyen la gasolina, cuya producción está a cargo de Citgo (filial de PDVSA en Texas), razón por la cual se generó una severa escasez de combustible en todo el país desde hace tres meses.
Aunado a las sanciones de EE.UU., la pérdida de PDVSA de más de 30.000 millones de dólares anuales en ingresos y su baja producción, la estatal tiene una deuda con proveedores que alcanza los 60.000 millones de dólares, actualmente en default o cese de pagos con los acreedores.