Peyton Reed repite como director en El Hombre Hormiga y la Avispa, manteniendo el mismo tono ligero y ágil de la primera entrega, apoyándose en el guion de Andrew Barrer y Gabriel Ferrari, y a punta de humor y efectos especiales en los que el protagonista se reduce y crece, en muchos de los casos, sin intención.
El efecto es inmediato: no pasan ni cinco minutos cuando los espectadores sucumben al carisma de Scott Lang (Paul Rudd), quien está a tres días de terminar su arresto domiciliario tras ayudar al Capitán América en Alemania, y lo menos que quiere son problemas.
Con lo que no cuenta es que una experiencia «cuántica» con Janet Van Dype (Michelle Pfeiffer), traerá nuevamente a su vida a Hope (Evangeline Lilly) y a su padre Hank (Michael Douglas) poniendo en serio peligro su tan ansiada libertad.
La desconcertante Fantasma (Hannah John-Kamen) y el mafioso Sonny Burch (Walton Goggins) se encargarán de hacerle la tarea más cuesta arriba. Bill Foster (Laurence Fishburne) no se quedará atrás. Lo bueno es que además de la visionaria tecnología de su suegro, el diminuto héroe recibirá el apoyo de La Avispa, quien esta vez no verá los toros desde la barrera, ya que asumirá un rol más protagónico en esta historia.
Y en el ínterin, habrá risas a granel cortesía de sus compañeros de trabajo: Luis (Michael Peña), Kurt (David Dastmalchian) y Dave (T.I.).
A pesar de que a lo largo del filme tiene apariciones puntuales, Pfeiffer brilla; ni hablar del aplomo del ganador del Óscar, Michael Douglas, y la solidez de Fishburne.
El nuevo largometraje del ágil superhéroe está cargado -como era de esperarse- de referencias al Universo Cinematográfico de Marvel, Avengers: Infinity War y los Agentes de S.H.I.E.L.D.