Desde que nacieron, los aviones comerciales tienen un solo tamaño de asiento.


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📅 11 Junio – 19 Julio 2026
¿Está bien que las aerolíneas le cobren más a los pasajeros obesos?

Hoy, empresas low-cost como Ryanair ofrecen asientos que miden hasta 43 centímetros de ancho.
Los asientos de Iberia, por su parte, apenas parten de los 46 cms.
No es mucho que digamos…
Agregemos que según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad se ha duplicado desde 1980 y ya es una epidemia mundial.
Según los datos que maneja la OMS, en 2014 había más de 1.900 millones personas mayores de 18 años con sobrepeso, entre ellas, más de 600 millones eran obesas.
O, en otras palabras, el 39% de los mayores de 18 tenían sobrepeso y 13% en el caso de la obesidad.
Por lo tanto, este es un tema que preocupa a las aerolíneas, cuyos intereses económicos chocan con los derechos de los pasajeros.
Al punto de que se pueden dar situaciones tan rídiculas como ésta:

El mes pasado, Giorgio Destro, un abogado italiano demandó a Emirates, reclamando que viajó muy incómodo por un pasajero obeso que estaba sentado a su lado.
Según Destro, tuvo que pasar varias de las 9 horas de viaje entre Ciudad del Cabo y Dubái parado en el pasillo o sentado en los asientos destinados a la tripulación.
Su prueba es una selfie en la que se ve el brazo de su vecino de vuelo ocupando completamente su asiento.
Del lado de los pasajeros, reclaman que los aviones no están hechos para acomodar a todos los tipos de cuerpos que existen, y que todo el mundo tiene derecho a volar.
«Alta, baja, flaca o gorda, ancha de hombros, de grandes caderas o piernas más largas… la gente viene de todos los tamaños y es raro que una butaca te provea un viaje cómodo y agradable,» dice Peggy Howell, Vicepresidenta y Directora de Relaciones Públicas de la Asociación Nacional para el Avance de Aceptación de la Gordura, una organización sin fines de lucro de Estados Unidos.
«La responsabilidad de dar servicio a los clientes de todos los tamaños es el costo de hacer negocios en el mundo moderno, y ese costo no debería salir del bolsillo de un grupo de individuos«, agrega Howell.
Por el momento, muchas aerolíneas pilotean este problema obligando a los pasajeros XXL a que compren dos asientos para garantizar su seguridad y comodidad.
Tal como le ocurrió a Rosie Mercado.
En 2011 ella fue a comprar un pasaje de avión y le dijeron que tenía que comprar dos porque era muy gorda y necesitaba un asiento adicional. Primero sintió vergüenza y humillación. Luego decidió bajar de peso, perdió 100 kilos en dos años y ahora es modelo. Si te interesa, acá está su historia completa.
Incluso algunas ofrecen reembolsar el costo del segundo ticket, si es que el avión despega con algún otro asiento vacío.
Pero hay de todo. Por ejemplo, Samoa Air cobra por peso, con la ventaja de ofrecer una fila de asientos XL que son unos 30 cms más anchos que los asientos tradicionales.
Para algunos esto es discriminatorio. Para otros es lógico: cuanto más pesa un avión, más combustible gasta. Y las aerolíneas se davanan los sesos para lograr volar más livianos.
Un ejemplo de hasta donde llega esto de querer viajar más livianos es el cambio en los manuales.
Durante 75 años, los pilotos llevaban un denso manual de 20 kilos. Pero ahora casi todas las aerolíneas de Estados Unidos lo cambiaron por un iPad.
Con dos pilotos, son 40 kilos. En el mundo, despegan 100.000 vuelos comerciales por día. Saquen la cuenta.
O tomemos solo el caso de American Airlines, que dijo que gracias a este cambio va a ahorrar por año unos 1,2 millones de dólares en combustible.
Chris Langton, CEO de Samoa Air, dice que van a mantener el sistema de pagar por peso. «Los aviones solo tiene una capacidad limitada de peso para vender y la gente entenderá eso de inmediato», dice.
La paradoja es esta: si una persona que pesa 75 kilos debe pagar un cargo extra porque su valija excede el mínimo de «peso permitido» (unos 20 kilos), ¿por qué una persona que pesa 150 kilos pero lleva solo equipaje de mano no debe pagar ningún adicional?
LAS DOS CAMPANAS
«Como decimos nosotros, ‘un kilo es un kilo‘ —dice Langton—. No tiene nada que ver con la naturaleza de ese peso.»
Por su parte, Peggy Howell, a quien ya citamos, argumenta que la obesidad es una enfermedad, y que hay derechos que deben ser respetados.
Por otro lado, analizando datos duros, no se puede olvidar que el aumento en el consumo de combustible debido al peso de los pasajeros no es tanto.
Según Luke Jensen (Twitter), investigador del Centro Internacional MIT para Transporte Aéreo, si bien podría ser justo que se cobre tanto por el peso del pasajero y de su equipaje, el costo extra de un pasajero obeso no llegaría a los 10 dólares.
El debate está servido y, al parecer, hay tantas opiniones como personas.