El cuerpo del hombre se encontraba entrelazado entre decenas de piedras y monte, el cual fue avistado por un cepilladero que transitaba por la zona.
Ante la dantesca escena observada, el vendedor de raspados alarmó a los vecinos del referido sector, quienes rodearon el cuerpo para tratar de descifrar quién era el infortunado.
Tres horas estuvo el cuerpo en el caño y no se acercaron familiares para reconocer el cadáver.
Los moradores indicaron, bajo el anonimato, «que de seguro lo asesinaron en otro lugar y lo lanzaron en la cañada, debido a que no escucharon nada extraño durante la madrugada del miércoles».
En la escena quedó impregnado un camino de sangre sobre la tierra rojiza, por lo que se presume que la víctima fue arrastrada hasta el lugar, mientras estilaba la sangre.
La cara del hombre estaba completamente desfigurada producto de fuertes golpes que sufrió.
Su apariencia reflejaba una edad de 60 años aproximadamente, era blanco, alto y de contextura gruesa.
La zona fue resguardada por funcionarios de la policía de la región, hasta la llegada de los sabuesos de la policía científica, quienes realizaron las experticias y trasladaron el cuerpo a la morgue de LUZ.
Hasta el cierre de esta edición no aparecieron parientes del infortunado.