La dupla, según la familia, fue vista la mañana del martes rumbo a cumplir labores de mantenimiento en una finca del sector kilómetro 41, en la vía que conduce al municipio merideño Alberto Adriani, pero no supieron más de su paradero, hasta ayer, cuando la funesta noticia tocó a sus puertas, anunciándoles que los seres desaparecidos fueron flanco de un doble asesinato selectivo.
Estaban con sus precarias ropas rasgadas y manchadas por los plátanos que acostumbraban deshojar, uno de ellos calzaba corroídas cotizas y otro zapatos deportivos desgastados. En sus cabezas se evidenciaban los tiros de gracia de cómo sus verdugos perpetraron el crimen.
Familiares de ambos braseros, consternados, no daban crédito a la abominación convertida en Ley en la zona despensa del país, donde el sicariato ha dejado más de 110 víctimas en lo que va de año y donde el Cicpc sigue engrosando las estadísticas de crímenes sin culpables que penen.
Las humanidades fueron analizadas por los forenses. El par de ajusticiados eran obreros y residían en las calles 2 y 3 del denominado sector El Caracolí de la misma parroquia. No descartan la venganza o quizá forme parte del silenciamiento a cuatreros que dueños de finca llevan a cabo para acabar con la peor plaga que según ellos arruina sus cosechas.