El día 21 de noviembre había llegado a La Guaira. Nueve días después, el 30, comió una generosa porción de lechosa. Al rato empezó a quejarse de un malestar. Lo atendieron los médicos, pero nada pudieron hacer: su paciente, el Presidente de la República de Venezuela, falleció ese mismo día. A partir de allí, la gente comenzó a hablar mal de la lechosa, considerada hasta entonces una fruta muy digestiva. Ahora, era denostada.
El poeta Tomás Ignacio Potentini escribió sobre ese fatal incidente una sátira en verso:
“Madre, ¿qué fruta me das?
Toma, mi adorada niña,
nísperos, mango o piña.
Quiero lechosa.
Jamás, hija, pues recordarás,
que Alcántara estaba bueno,
comió y murió, y el galeno
que tales nuevas nos trajo,
repetía por lo bajo
que la lechosa es veneno”.
Más tarde se reveló la causa real de su muerte. Aquejado de una fuerte bronquitis, que se agravó al comer lechosa durante la madrugada. Su cadáver fue momificado por el doctor alemán Gottfried Knoche, conocido por la gente como el doctor Kanoche.