El especialista David Callejo explica que el esófago funciona como un canal que comunica la boca con el estómago. Normalmente, la gravedad facilita el descenso de los fármacos, pero este proceso natural se interrumpe si la persona ingiere la medicina con una cantidad insuficiente de agua o si decide recostarse de inmediato.
«Si alguien toma un fármaco con apenas un sorbo de agua o incluso solo con saliva y se acuesta al instante, es probable que la pastilla no llegue al estómago y se adhiera a las paredes esofágicas. Esto genera una irritación que deriva en esofagitis medicamentosa, la cual puede complicarse hasta formar una úlcera», detalla el anestesista. Es importante destacar que esta afección puede causar un dolor torácico tan agudo que, en ocasiones, los pacientes lo confunden con un infarto.
Dos normas básicas para su prevención
Para evitar este problema, especialmente durante la toma de medicamentos nocturnos, el doctor Callejo sugiere seguir dos recomendaciones fundamentales.
La primera es evitar ingerir pastillas estando acostado. Lo ideal es hacerlo siempre de pie o sentado, utilizando un vaso de agua completo, con un volumen mínimo de 100 a 200 mililitros.
La segunda norma consiste en no tumbarse durante al menos 15 minutos tras la ingesta. De esta manera, se asegura que el fármaco transite correctamente hacia el estómago, minimizando el tiempo de exposición con la mucosa.
Factores que influyen en su aparición
De acuerdo con información del Servicio de Gastroenterología del Hospital Universitario Ramón y Cajal, el daño ocurre por el contacto prolongado de los componentes del fármaco con la mucosa esofágica, un proceso influenciado tanto por las propiedades del medicamento como por los hábitos del paciente.
El riesgo no depende de la cantidad de pastillas, sino de factores como el tamaño, la forma, la cubierta y la acidez del comprimido. Aquellos medicamentos de mayor tamaño, forma redondeada, peso ligero y composición gelatinosa son los que presentan una mayor probabilidad de causar lesiones.
Asimismo, la forma en que se administra el fármaco y la conducta posterior del paciente son determinantes, sobre todo si se consume con poco líquido o justo antes de dormir. A esto se suman posibles problemas de motilidad esofágica. Los adultos mayores son quienes enfrentan un riesgo más elevado, debido a la mayor frecuencia de trastornos anatómicos, el consumo recurrente de fármacos y una menor producción de saliva, factores que favorecen la aparición de esta dolencia.