La acción militar norteamericana se produjo luego de identificar que el navío estaba incumpliendo el bloqueo a buques sancionados en el Caribe, una directriz implementada por el entonces presidente Donald Trump.
Las agencias de inteligencia siguieron la ruta del barco desde aguas caribeñas hasta el océano Índico antes de realizar la intercepción.
De acuerdo con el parte oficial, el Aquila II pertenece a la llamada “flota oscura”, un conjunto de navíos que emplea estrategias evasivas como la desactivación de sus sistemas de seguimiento y la alteración de sus datos de geolocalización para esquivar las penalizaciones de Washington.
La entidad de defensa norteamericana destacó su potestad para mantener el control en cualquier escenario y dar con aquellos que buscan evadir la justicia.
De igual forma, el Departamento de Guerra señaló que estas operaciones tienen como objetivo prevenir que actores ilegales pongan en tela de juicio la supremacía marítima global de Estados Unidos.
Este procedimiento se añade a la confiscación del supertanquero M/T Sophia en enero, que también era parte de la “flota oscura” y movilizaba crudo de origen venezolano con bandera de Panamá.
En los últimos meses, la administración estadounidense ha reforzado las tareas de monitoreo y fiscalización en estas vías internacionales para garantizar la aplicación de las sanciones económicas y energéticas que pesan sobre Venezuela.