Hasta la fecha, el Reino Unido carecía de un documento nacional de identidad, y los ciudadanos solían acreditarse mediante pasaporte, licencia de conducir u otros justificantes. La nueva política, que contempla una base de datos centralizada, ha generado controversia entre ciertos políticos y grupos defensores de los derechos humanos, quienes expresan inquietud por una posible invasión de la privacidad por parte del Estado.
Según un comunicado oficial, la credencial se integrará en la cartera digital gubernamental y podrá ser guardada en el teléfono del usuario con un sistema de cifrado avanzado. No obstante, su portación y exhibición solo serán requeridas en situaciones específicas, como la verificación del derecho a trabajar en un nuevo empleo y, posteriormente, al alquilar una propiedad.
Se prevé que el carnet, que requerirá la aprobación de una ley durante la legislatura actual, contendrá información como nombre, fecha de nacimiento, nacionalidad o estatus de residencia, además de una fotografía para verificación biométrica. En caso de pérdida del dispositivo móvil, los datos podrán ser revocados y reemitidos.
El gobierno laborista destaca que este documento facilitará trámites como la obtención del permiso de conducir, el acceso a historiales fiscales y la solicitud de ayudas sociales, minimizando la necesidad de gestiones en papel. Actualmente, los procesos burocráticos en el Reino Unido exigen la presentación de múltiples documentos para probar la identidad y, en algunos casos, la residencia.
El Ejecutivo iniciará este año una consulta pública para definir los detalles finales de la implementación.