El lanzamiento de Super Mario Bros. en Japón el 13 de septiembre de 1985 supuso una verdadera revolución en la industria de los videojuegos, destacándose por ser uno de los primeros títulos en presentar un avance horizontal en pantalla dentro de un universo vibrante y lleno de color.
«Mi padre compró el juego y he jugado con él desde que tengo memoria», relata Kikai a AFP, mostrando su impresionante colección en su oficina, que alberga entre 20.000 y 30.000 objetos alusivos a Mario.
Muñecos, peluches, alfombras y una infinidad de artículos inundan el hogar de este coleccionista, todos con la inconfundible imagen del personaje. Al igual que él, incontables generaciones de jugadores han quedado cautivadas por esta creación de Shigeru Miyamoto, quien debutó en 1981 bajo el nombre de «Jumpman» en el juego arcade Donkey Kong.
El personaje se oficializó como Mario en 1983 con el título Mario Bros. para máquinas arcade, alcanzando la fama mundial gracias a Super Mario Bros., un éxito rotundo para la consola Famicom de Nintendo (conocida también como NES), del cual se vendieron más de 40 millones de unidades.
«Es un accidente feliz, porque en un principio este personaje no estaba destinado en absoluto a convertirse en un icono de los videojuegos», comenta Alexis Bross, coautor del libro Générations Mario. Inicialmente, el diseño de Mario, con su overol azul para facilitar su visibilidad y su gorra roja para obviar el dibujo del cabello, respondía a necesidades puramente funcionales y a las fuertes limitaciones técnicas de la época, con un personaje compuesto por unos pocos píxeles.