Un ejemplo de esta tendencia es la experiencia del expolicía Alberto Peña. Después de un arduo viaje con su esposa y tres hijas a través de la selva del Tapón del Darién para llegar a EE. UU., Peña pensó haber encontrado un lugar seguro. Sin embargo, dos años después, la decisión de eliminar el Estatus de Protección Temporal (TPS) para más de 350.000 venezolanos lo obligó a emprender otro éxodo, esta vez con destino a Madrid.
“Migrar dos veces es difícil, tanto para uno mismo como para los hijos”, declaró Peña. “Pero la tranquilidad no tiene precio”, añadió, según información de Reuters.
De acuerdo con el Observatorio de la Diáspora Venezolana, España se ha consolidado como una alternativa viable para aquellos que enfrentan el riesgo de deportación. Las razones incluyen la relativa facilidad para obtener la residencia humanitaria, la proximidad cultural y el idioma compartido. Tomás Páez, director del observatorio, señala que el miedo a ser enviados a centros de detención, que compara con «cárceles como la Alligator Alcatraz en Florida», ha motivado a muchos a «autodeportarse».
Organizaciones no gubernamentales en España corroboran este incremento. Jesús Alemán, representante de la organización Talento 58, indicó que aproximadamente el 30% de las consultas que reciben provienen de venezolanos que residen en Estados Unidos y buscan orientación para trasladarse a España.