Los cortes de electricidad se han consolidado como el principal quebradero de cabeza para los cubanos. La imposibilidad de conservar alimentos en refrigeradores, la dificultad para efectuar trámites bancarios y burocráticos, y la complicación para cargar dispositivos móviles y vehículos eléctricos son solo algunas de las consecuencias. Además, muchos se ven obligados a levantarse en la madrugada, momento en que la corriente suele regresar por unas horas, para poder cocinar, planchar o llenar los tanques de agua.
Las afectaciones en La Habana oscilan entre cuatro y diez horas diarias de apagón. Sin embargo, en el resto del país, estas interrupciones superan fácilmente las 20 horas diarias, impidiendo cualquier atisbo de normalidad en hogares, oficinas y centros de producción desde hace ya varios meses.
En cuanto a las cifras que dimensionan la crisis energética en Cuba, la Unión Eléctrica (UNE), adscrita al Ministerio de Energía y Minas (Minem), informó que durante el mes de mayo la duración media de los cortes eléctricos a nivel nacional alcanzó las 18 horas. Se reportaron casos en localidades específicas donde los apagones se extendieron por hasta 38 horas consecutivas.
El 12 de febrero se registró la jornada con mayor afectación puntual. Durante el pico de demanda, que en Cuba ocurre al final de la tarde y noche, hasta un 57% del territorio nacional se vio sumido en la oscuridad debido a la incapacidad del Sistema Energético Nacional (SEN) para generar la electricidad requerida.
A lo largo de este último año, se han producido cuatro apagones de carácter nacional, y el país ha requerido días para lograr una recuperación general. En una de estas ocasiones, la causa estuvo relacionada con factores externos, como el paso del huracán Helene. No obstante, las otras tres ocasiones se debieron a problemas internos derivados de la precariedad del SEN.