La Dra. Zambrano explicó que la suspensión inicial de los trasplantes en el HUM, ocurrida incluso antes de la paralización nacional en 2017, se debió a la crisis eléctrica en la región. «No se puede operar con problemas de electricidad», afirmó, recordando que los constantes cortes afectaban la operatividad del hospital, el cual carecía de una planta generadora adecuada. A pesar de que el centro hospitalario ha superado las fallas eléctricas con la instalación de nuevas plantas, los problemas actuales de certificación, equipos y medicamentos son ahora los mayores obstáculos.
Un Legado en Decadencia y una Crisis de Medicamentos
«Dejar de trasplantar fue una de las cosas más dolorosas para nosotros como profesionales», lamentó la nefróloga. El Hospital Universitario de Maracaibo tiene una rica historia en trasplantes: en 1967, bajo la dirección del reconocido nefrólogo zuliano Bernardo Rodríguez Iturbe, se realizó el primer trasplante de riñón con donante cadavérico en Latinoamérica, un hito que consolidó al hospital como un referente.
Antes de la crisis, el equipo de trasplantes contaba con alrededor de 15 especialistas liderados por el Dr. Rodríguez Iturbe. Sin embargo, desde su partida en 2019, el servicio se ha reducido drásticamente, quedando solo con la Dra. Zambrano y la Dra. Beatriz Rosales, coordinadora de diálisis.
La situación se agrava con la crisis en el suministro de inmunosupresores. La Dra. Zambrano señaló que la farmacia de Alto Costo del Hospital Adolfo Pons, encargada de estos medicamentos, no ha contado con todos los fármacos necesarios en los últimos años. «No tiene sentido que yo diga que vamos a abrir trasplantes si no voy a contar con el medicamento que me va a sostener esos trasplantes», advirtió.
Impacto en Pacientes y la Esperanza de Recuperación
El HUM solía realizar aproximadamente 40 trasplantes al año, lo que significa que, al menos, unos 400 pacientes han quedado sin acceso a este procedimiento vital desde la suspensión. Los trasplantes, tanto de donante vivo como de donante fallecido, son una «esperanza de vida para el paciente renal», subrayó Zambrano, quien destacó que «solo tiene beneficios, pero está determinado por un montón de cosas que deben funcionar».
Actualmente, la unidad de diálisis de la institución está abarrotada, con al menos 60 pacientes bajo su supervisión directa. Sumado a los dializados en otros centros, un número considerable de personas en la región dependen de un trasplante para mejorar su calidad de vida, pero no todos cuentan con un familiar que pueda ser donante.
A pesar de los desafíos, la Dra. Zambrano mantiene la esperanza de que el programa de trasplantes pueda recuperarse. «Siempre me he planteado la posibilidad de volver a trasplantar», auguró, enfatizando que para ello es crucial que múltiples factores jueguen a favor y se logre restablecer las condiciones necesarias.