A medida que pase el tiempo, este rico edulcorante puede cambiar de color y hasta de textura, bien tiende a ponerse más oscura, pero esto no quiere decir que esté dañada o que se haya distorsionado su sabor.
Esto se debe a que su contenido es altamente higroscópico; es decir, contiene muy bajo nivel de agua, por lo tanto no tiene casi humedad y los microorganismo que dañan las comidas se mantienen vivos gracias a este factor que en este caso, casi no aplica, por ello estas bacterias no sobreviven dentro del tarro de miel. Aunque si se deja destapada, atraería humedad fácilmente.


Otro dato que hace superviviente al tiempo a este endulzante, es su alto índice de acidez, contiene un pH entre 3 a 4.5, hecho que tampoco permite a los gérmenes hacer de la miel un ecosistema para ellos.
Aparte de todo lo explicado, el proceso de elaboración de la meloja, le da la virtud de no dañarse; puesto a que cuando las abejas baten sus alas apartan la humedad del néctar que han recolectado, pero no solo eso; en su estómago estos insectos cuentan con una enzima que se llama glucosa oxidasa que al momento de su producción crea el peróxido de hidrógeno que evita el hábitat de bacterias en la misma.
Y el último factor, depende del cuidado que le dé el consumidor, puesto a que siempre debe mantenerse sellada y así la humedad no hará de las suyas.