Nicolás Maduro ha llegado a Caracas lleno de promesas. Pues otra cosa no ha podido conseguir de parte del presidente Vladímir Putin en Moscú. Lo que dice Maduro haber conseguido en Rusia es un rosario de planteamientos hacia el futuro. Un poco más de los que también expuso la vicepresidenta Ejecutiva, Delcy Rodríguez, cuando volvió a Caracas luego de su visita a Moscú hace un mes. El gobierno de Putin no pasa del papel. Los planes están allí. Las propuestas están sobre la mesa. Pero hay que actuar en política interna. Y es lo que Putin marcó como pauta esta vez al:
- Reconocer el Parlamento que preside Juan Guaidó.
- Decirle a Maduro que está bien el diálogo que mantiene con la oposición, pero que esa oposición no es la oposición.
No es la oposición. De hecho, hay que recordar que cuando se sucedían los cinco encuentros de Oslo y Barbados, los comunicados del gobierno de Noruega siempre daban cuenta de que quienes estaban sentados a la mesa eran los factores políticos clave de Venezuela. “Representantes de los principales actores políticos de Venezuela”, así reza en los resúmenes ofrecidos por Noruega al término de cada jornada.
Maduro fue el que se levantó de la mesa de negociación, y ahora dice que está listo para volver, que está “preparado” para volver de inmediato, para “asumirla”, porque “todas las puertas están abiertas”. Se trata de un mensaje que hoy con toda seguridad, Guaidó tendrá que responder, por una u otra vía. Cuatro días atrás, Stalin González, vicepresidente de la Asamblea Nacional, el Parlamento que reconoce Putin, señalaba que los representantes de Maduro no habían establecido ningún otro contacto con la mediación noruega. González es también miembro del equipo negociador de Guaidó. Esta nueva declaración de Maduro cambia el panorama. Pero se trata de un Maduro empujado u obligado por Putin quien dijo en Moscú:
- “Consideramos cualquier negativa a mantener un diálogo como irracional”.
- Negarse al diálogo es “perjudicial para el país”.
- Negarse al diálogo “sólo representa una amenaza para el bienestar de la población”.
Putin le marca la línea a Maduro. Y se coloca en la posición de Guaidó, quien repite: Hay que negociar para buscarle una salida a la crisis, a la tragedia humanitaria y al sufrimiento de los venezolanos.