Según vecinos del lugar, la septuagenaria Espinoza residía dentro del apartamento ocho con su dos nietos y una pareja de esposos. A ellos les había alquilado hace tiempo una de las habitaciones, pues eran conocidos de sus nietos, alegaron las fuentes.
Se conoció, que la pareja de esposos trabajan vendiendo café en las calles de la ciudad, por lo que su estadía en el apartamento es solo en las noches.
Sin embargo, la última vez que fueron vistos por algunos conocidos de la familia fue la noche del sábado 31 de agosto, noche en la que vieron a Fidia compartiendo con sus vecinos en la parte de abajo de la residencia.
«Ningún ruido se escuchó dentro del apartamento. Todo se encontraba con normalidad hasta que la nieta de la señora comenzó a gritar por los pasillos», comentaba alarmada una allegada a la familia.
La tercera nieta de la abuela y hermana de los jóvenes asesinados, indicó que habría forzado la cerradura de la puerta al no escuchar las voces de sus parientes, por lo que al ingresar presenció los tres cadáveres ensangrentados y tapados con la sábana de una de las camas, pues la misma se encontraba destendida.
Asimismo se rumoró, que uno de los nietos de la septuagenaria había tenido ciertos problemas mentales, por lo que había estado en tratamiento.
Fuentes del eje de homicidios del Cicpc, manejan el móvil del robo, sin embargo las investigaciones inician su curso.