¿Alguna vez pensó o se imaginó cómo era la conservación de los alimentos antes de la llegada de este dispositivo tan indispensable? Bueno, previo a la existencia del refrigerador, la comida se deshidrataba para que durara más. Se untaba con abundante sal y, de esa forma, víveres como la carne podían conservarse.
También se utilizaba la fresquera, una pequeña dependencia del hogar que, antes de la expansión de la energía eléctrica y la popularización de la nevera, era el sistema más común, así como la despensa.

Las fresqueras debían estar en un sitio muy especial, resguardadas del calor del sol y, por ello, orientadas hacia el norte o el este. ¿Cómo eran? Tenían forma de ventana sin cristales, pero con dos puertas construidas cerca del suelo y con barro u hormigón.
En la mayoría, se colocaban dos entradas de aire en la parte superior e inferior para que hubiese un flujo continuo que mantuviese una temperatura baja en el interior de la cámara. Se podían lograr temperaturas de 12° a 16° C, suficientes para conservar las provisiones en buen estado por un período de tiempo.


