Extraña entonces que habiendo un consenso casi absoluto de que el llamado “Plan de Recuperación Económica, Crecimiento y Prosperidad” delineado el viernes 17 va a fracasar, poca atención se haya prestado a lo que tiene Maduro bajo la manga (o en el bate, usando su analogía). Entendemos que las medidas que están siendo implementadas a partir de hoy lunes 20 fueron apadrinadas en el seno del gobierno por Ricardo Menéndez, actual ministro de Planificación.
Prácticamente no se ha filtrado nada sobre las discusiones en el seno del gabinete pero no sorprendería que hubiese habido voces disidentes, que propusieron un conjunto de medidas diferentes, con más énfasis en controles, estatización y sanciones, y en el cual el mercado no tendría mayor relevancia. Ese grupo seguramente está agazapado a la espera del fracaso del plan actual para imponer el suyo.
Por supuesto, no puedo presentar cuáles son los elementos principales de ese Plan B, pero por los antecedentes y las preferencias de quienes en el gobierno mantienen posiciones más inclinadas a la ortodoxia marxista, es posible delinear sus principales rasgos.

Mayor control de los flujos de dinero en la economía
Esto puede ser considerado imprescindible para detectar transacciones prohibidas o inconvenientes. Esto puede ser logrado de manera burda nacionalizado los restantes bancos privados o, de manera más sutil, adoptando el modelo seguido con Banesco. De esta forma se evitan el conflicto internacional con los bancos extranjeros y la posibilidad de tener que compensar a esos accionistas.