En una noche en la que el VAR fue protagonista, la tabla de clasificación cambió en los últimos minutos con acciones simultáneas a 2.000 kilómetros de distancia en Kaliningrado y en Saransk.
Con el tiempo cumplido, España quedó como primera del grupo gracias a un tanto de tacón de Iago Aspas, que en un principio fue anulado por fuera de juego, pero que gracias al VAR fue validado por el árbitro uzbeko Ravshan Irmatov.
Marruecos, que se adelantó dos veces en el marcador (Khalid Boutaib ’14 y Youssef En Nesyri ’81), puso mucha garra en un partido al que llegó ya eliminado.
Isco logró el empate parcial en el minuto 19 tras una gran jugada de Iniesta y Aspas, quien había entrado al campo en lugar de Diego Costa, consiguió el definitivo 2-2 cuando ya se había cumplido el minuto 90.
Ese gol terminó dando el primer puesto del grupo a España gracias al inesperado empate que consiguió al mismo tiempo Irán.
En un partido trabado, de protestas y un sinnúmero de incidencias, el conjunto iraní aprovechó un polémico penalti que señaló el árbitro paraguayo Enrique Cáceres tras consultar con el VAR para igualar un partido que dominaba Portugal gracias al espectacular tanto de Ricardo Quaresma justo antes de finalizar el primer tiempo.
El gol de Hamid Ansarifard le dio alas a Irán para ir a buscar la victoria y la clasificación, que hubiera eliminado a Portugal, pero se le escapó la cita con la historia cuando Taremi remató al costado de la portería de Rui Patricio desde dentro del área.
El conjunto luso hubiera podido sentenciar antes el partido por un penalti a favor que cobró Cristiano Ronaldo, también señalado con la ayuda del VAR, pero su disparo fue detenido por el porteo Beiranvand.
Ronaldo también recibió una cartulina amarilla en otra acción que fue revisada por Cáceres con ayuda del videoarbitraje.
Fue un final dramático del partido, con jugadores, afición y cuerpo técnico de ambos equipos protestando cada acción al árbitro paraguayo.
Ahora Portugal jugará contra Uruguay en los octavos de final mientras España se medirá a Rusia, rival que pese a ser los anfitriones en teoría es más asequible que la Celeste.