Hace 24 años, el mundo de los motores se paralizó por completo, en la séptima vuelta del Gran premio de San Marino, el monoplaza del piloto brasileño, Ayrton Senna, pasó de largo en la curva Tamburello y se estrelló contra uno de los muros de hormigón a más de 200 km/h. Nadie lo podía creer, sin poder escapar bajo esa prisión de hierro, Senna fue trasladado en helicóptero hasta el hospital Maggiore de Bologna, pero el accidente le terminó provocando una muerte cerebral, que quizás pudo ser evitada de lo que todavía sigue siendo un misterio.
¿Un disparo a quemarropa?
Sí se sabe qué ocasionó la muerte: un pedazo de suspensión entró por el visor del casco: fue como si Ayrton hubiera recibido un balazo a quemarropa en la cabeza.
Una teoría sostiene que la rotura de la barra de dirección del monoplaza del brasileño provocó la pérdida del control. No obstante, la escudería Williams argumentó que, pese que a la barra había sido soldada y reutilizada de un modelo anterior, su rotura fue provocada por un inconveniente anterior.
La carrera pudo haberse suspendido
Roland Ratzenberg, el día previo a la competición, perdió su vida en la clasificación y según las leyes italianas la carrera debió haberse suspendido.
Cuando una persona muere en una actividad deportiva, ésta debe cancelarse para poder realizar las investigaciones pertinentes, establece el país europeo.