El día del asesinato, el funcionario se desplazaba junto a dos compañeros en una patrulla, por la calle principal del sector San Benito, parroquia Santa Rita del municipio Cabimas, cuando de pronto avistaron a un joven en actitud sospechosa. Al ver cómo subía a una motocicleta, decidieron darle la voz de alto para solicitarle sus documentos de identidad, así lo detalló Joandry.
El antisocial no acató la orden de los efectivos, encendió la moto y arrancó a toda velocidad. La única alternativa que le quedaba a la comisión era perseguirlo, transcurrida media hora, el sicario se dio por vencido, saltó de la moto en movimiento, cayó al suelo, luego se levantó y corrió.
Javier no podía permitir que huyera, abrió la puerta de la patrulla, miró al compañero que tenía a su lado y se bajó. Corrió por un callejón arenoso detrás del delincuente, al darle alcance forcejearon hasta caer en el suelo, justo ahí sacaron sus armas de fuego y dispararon, los proyectiles penetraron el chaleco antibalas del oficial, una de las balas rebotó en la pistola que sostenía en su mano derecha e impactó en su abdomen, comentaron los testigos.
A lo lejos uno de los funcionarios de la PNB que lo acompañaba en la patrulla observó el atentado, «corrió lo más fuerte que pudo, pero no logró llegar a tiempo para evitar la tragedia», sacó su arma de reglamento y la accionó contra el sospechoso, ni una sola de las balas repercutidas lo alcanzó, huyó de la escena sin dejar rastro.
Cuando miró al suelo vio a Juan, yacía sobre un charco de sangre que brotaba de los múltiples impactos de bala que recibió, de inmediato radió a su compañero para que llevara la patrulla. Subieron al PNB y lo trasladaron al Hospital General del Sur. Los médicos de guardia hicieron todo lo posible por estabilizarlo, su estado se salud se complicó tras sufrir una hemorragia interna, el hígado y el vaso los tenía destrozados, murió el pasado domingo a las 10.30 de la noche.