La primera aeronave impactó la torre norte a las 8:45 a.m. El inmueble ardió durante 102 minutos hasta que, a las 10:28 a.m., se desplomó en apenas 11 segundos. Dieciocho minutos después, a las 9:03 a.m., el segundo avión colisionó contra la torre sur. Este rascacielos resistió las llamas durante 56 minutos antes de colapsar en 9 segundos, a las 9:59 a.m.
«Tras el estruendo del edificio viniéndose abajo, en cuestión de segundos todo se tornó más oscuro que la noche, sin sonido alguno, y me faltaba el aire», relata Bruno Dellinger, quien laboraba en el piso 47 de la torre norte. «Creí firmemente que había muerto, pues el cerebro humano no logra procesar una magnitud de destrucción así», añade Dellinger en su relato para el Museo y Monumento Conmemorativo del 11 de septiembre.
El saldo final fue de 2.763 fallecidos, incluyendo a los perpetradores del ataque.
¿Por qué se desplomaron las torres?
«La explicación aceptada por los especialistas es que las torres cedieron debido a un ataque terrorista», explica el ingeniero civil Eduardo Kausel, profesor emérito del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Tras los sucesos, Kausel lideró investigaciones para analizar las causas del derrumbe desde perspectivas estructurales y arquitectónicas. Sus conclusiones abarcan fenómenos físicos y químicos que desencadenaron una catástrofe sin precedentes.
Una combinación fatal
Las investigaciones del MIT, publicadas en 2002, coinciden con el informe del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) de 2008. Ambos organismos concluyen que el colapso se debió a dos factores determinantes: el daño estructural severo por el impacto y la cadena de incendios propagada por varios niveles.
«Sin el incendio, los edificios no habrían caído», sostiene Kausel. «Y si solo hubiera habido fuego sin el daño estructural, tampoco habrían cedido». Aunque los documentos oficiales sugerían que las torres fueron diseñadas para resistir el impacto de un Boeing 707, los investigadores del NIST señalaron la falta de registros sobre los métodos de cálculo originales.

Diseño y construcción
Las Torres Gemelas seguían estándares de los años 60, con un núcleo central de acero y hormigón que albergaba ascensores y escaleras. El peso de cada piso se distribuía mediante vigas horizontales conectadas a columnas perimetrales, las cuales contaban con protección contra incendios.

El entramado de vigas actuaba como soporte lateral, evitando que las columnas se doblaran bajo presión.
Impacto, fuego y aire
Los Boeing 767, de mayor envergadura que los 707, causaron daños severos en las columnas y desprendieron el aislamiento ignífugo. La vibración fracturó el recubrimiento protector, exponiendo el acero al fuego. Con temperaturas de hasta 1.000 °C, los vidrios se dilataron y rompieron, permitiendo la entrada de aire que avivó las llamas.

Bombas voladoras
Cada aeronave transportaba cerca de 37.850 litros de combustible. Kausel los describe como «bombas voladoras». El combustible derramado en los pisos inferiores propagó el incendio, provocando que las vigas se dilataran y empujaran las columnas hacia afuera, para luego, al ablandarse el acero, tirar de ellas hacia adentro.
El colapso
La inestabilidad de las columnas, sumada al peso de los pisos superiores, generó una caída en cascada. Una vez iniciada la caída libre, el aire atrapado entre los niveles fue expulsado violentamente, envolviendo el derrumbe en una nube de polvo mientras las paredes exteriores cedían hacia afuera.

Aunque los edificios desaparecieron en segundos, los escombros mantuvieron focos de incendio activos durante 100 días. Décadas después, el impacto emocional de estos atentados permanece vigente.