Este alimento marino es una fuente inigualable de nutrición, pero para aprovechar al máximo sus bondades, es indispensable que el producto sea fresco. La calidad nutricional del pescado supera a la de muchas carnes rojas, ayudando a controlar el peso, reducir procesos inflamatorios, potenciar la capacidad intelectual, aportar colágeno y mejorar la digestión, además de ser un aliado contra la fatiga y la depresión.
¿Por qué priorizar el pescado fresco?
Los expertos señalan que el pescado fresco conserva propiedades muy similares a las del ejemplar vivo. Se considera fresco aquel que ha sido conservado exclusivamente en frío, sin pasar por procesos de congelación, y que llega al consumidor poco tiempo después de su captura.
Claves para identificar la frescura en el mercado
Para asegurar que estás adquiriendo un producto de calidad al momento de hacer tus compras, ten en cuenta estas recomendaciones:
1. Los ojos: Deben lucir abultados, con la pupila negra y brillante. Si notas los ojos hundidos, la pupila grisácea o la córnea lechosa, el pescado ha perdido su frescura.
2. La piel y carne: La piel debe presentar un color vivo y consistente. Al tacto, la carne debe sentirse firme y nunca flácida.
3. Las agallas: Deben mostrar un tono rojo o rosa intenso, con un aspecto limpio y brillante. Evita aquellos ejemplares con agallas amarillentas o grisáceas.
4. Las escamas: En las especies que las poseen, estas deben mantenerse firmemente adheridas al cuerpo.
5. Las vísceras: Son la parte que se deteriora con mayor rapidez; si observas la tripa hinchada, es una señal clara de que el producto no es apto.
6. El aroma: El pescado fresco debe desprender un olor característico a mar. Cualquier aroma desagradable es un indicador de que el proceso de descomposición ha comenzado.

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