Eduardo Cáceres, presidente ejecutivo de Cavenez, señaló que la carga arancelaria en el país es notablemente superior a la de otros mercados. El costo final depende de factores técnicos como la cilindrada y el motor, elementos que elevan considerablemente el monto a pagar.
Los vehículos con un valor inferior a los 40.000 dólares están sujetos a un arancel del 20 %, cifra que engloba el 16 % del IVA y el 1 % correspondiente a los trámites aduaneros. Por otro lado, si el valor supera dicho umbral, la carga impositiva se incrementa drásticamente. En el caso de los vehículos de alta gama, el comprador debe asumir un 40 % del valor, sumado al IVA, el 1 % de aduana, el 3 % del IGTF y un 15 % adicional por concepto de impuesto al lujo, lo que dispara los costos operativos.

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La solución al alto costo de vehículos es una reforma tributaria
Cáceres enfatizó que, para corregir esta disparidad de precios frente al exterior, es indispensable implementar una reforma tributaria enfocada en la modificación de los aranceles. Según el vocero, esta medida permitiría que los vehículos sean mucho más accesibles para la población.
Sobre la posibilidad de ensamblar unidades dentro del país, Cáceres indicó que, aunque es una opción viable, actualmente no existen las condiciones necesarias. Se requiere la apertura de líneas de crédito que fomenten el consumo, además de una infraestructura actualizada y una cadena de suministro de autopartes más robusta. El sector proyecta vender al menos 50.000 unidades este año, una meta que se mantiene encaminada según las cifras registradas hasta agosto.
Los tributos a pagar por el vehículo
Para comprender el costo final, es necesario desglosar el valor CIF (Costo, Seguro y Flete), que constituye la base para el cálculo de los impuestos de importación. El precio de nacionalización no se limita a la factura de compra, sino que se basa en un precio referencial registrado en el sistema aduanero.

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Además de los aranceles, el IVA se calcula sobre una base que incluye el valor en aduana más otros recargos. Asimismo, se aplica un impuesto al lujo del 15 % para vehículos de alto valor, una tasa aduanera del 1 % y el IGTF del 3 % para transacciones en divisas. Finalmente, los costos logísticos como el flete marítimo, el seguro de carga y los honorarios de agentes aduanales terminan de configurar el precio final, lo que explica por qué una compra en el extranjero no siempre se traduce en un ahorro significativo al llegar al país.